La lectura de la última entrada del blog de Axque me ha recordado un caso que presencié hace unos cuantos meses. Volvía del trabajo a casa en autobús y, un par de paradas después de montar yo, subió una señora quejándose en voz alta al conductor, de muy malas maneras.
En la parada había otro autobús delante del nuestro, así que nos detuvimos detrás y el conductor abrió las puertas para que se bajase quien quisiera. Al ver las puertas abrirse, la señora en cuestión, que estaba esperando en la parada, echó a correr hacia nuestro autobús, tropezó y se hizo daño. No demasiado, porque pudo subir sin problemas. En Zaragoza, al menos, el conductor está obligado a abrir las puertas aunque haya otro autobús parado delante del suyo, aunque no debe hacerlo si son dos los que ya están parados delante. He mirado el reglamento de Madrid, pero no he encontrado nada al respecto.
El caso es que la señora siguió vociferando. Se fue el autobús de delante, el nuestro se adelantó, volvió a abrir la puerta, subieron los que esperaban, y la señora seguía a lo suyo. El autobús arrancó, y la señora no paraba de echar la bronca al conductor. Sí, claro, también pretendía que los demás nos sumáramos a sus quejas, pero la ignorábamos. Suponíamos que se cansaría de dar la brasa y se callaría. Qué ilusos.
Pasaron varias paradas y la tía no paraba. Cada vez gritaba más. Después de no menos de un cuarto de hora (de reloj), el pobre conductor ya no pudo aguantar más. Paró el autobús, se levantó del asiento y le preguntó a la señora qué quería que hiciese, que así no podía continuar. Ella, impertérrita, siguió a lo suyo. El pobre conductor volvió a su asiento y arrancó de nuevo, sin poder hacer nada.
Por si no ha quedado claro antes, la mujer se cayó fuera del autobús, porque echó a correr por su cuenta y tropezó.
Al cabo de otro rato, la mujer soltó: "Que conste que no me quejo porque usted sea extranjero, ¿eh? Que me parece muy bien que venga usted a España a trabajar." En efecto, el conductor era sudamericano. Y la frase de la gritona no pudo sonar más falsa. Aunque a lo mejor sí es cierto que se avergonzaba de haber intentado aprovechar la posible precariedad de la situación de nuestro conductor para abusar de él. Poco después, por suerte, llegó a su parada y se bajó. Y yo hice lo mismo un rato más tarde.
No creáis que no pensé que debería haber hecho algo, pero lo cierto es que no sabía qué. Sinceramente, creía que, en vista de que nadie le hacía caso, la señora se callaría de una vez. Y que, si yo le decía algo, aprovecharía para redoblar sus quejas ante tamaña injusticia. Pero no tengo nada claro que hiciera lo correcto quedándome quieto. Creo que, si volviera a ocurrirme lo mismo, actuaría de otra manera.
29 marzo 2005
Yo y sólo yo
Nuevo test
Hace siglos que no hacía un test de Quizilla, así que hoy me he decidido por éste. Espero que os guste.
Mean lil fellow, arn't you?
What Monty Python Character are you?
brought to you by Quizilla
28 marzo 2005
Bértiz
Acabo de llegar a casa procedente de unas vacaciones que necesitaba enormemente. En los últimos tiempos tenía un cansancio mental que no me gustaba nada. El cansancio mental saca lo peor de uno y hace que muchas veces lo paguen quienes están a tu alrededor, cosa que odio.
El primer fin de semana (el de San José, vamos) lo pasé en la RANA, la Reunión Anual de Navarra y Aragón de Mensa. Al menos, esperamos que sea anual, porque ésta era la primera edición. Una de las mejores cosas que se pueden hacer para olvidarse del tenso ambiente pre-electoral que hay en estos momentos en nuestra querida asociación es juntarse con el grupo aragonés. No es porque sean mis paisanos, pero son encantadores. La forma de vivir Mensa en Zaragoza es muy distinta de la forma que tenemos en Madrid; no diré mejor ni peor, pero sí muy distinta. Y, en ese momento, era lo que necesitaba. De todos modos, dejaré la RANA para otra entrada, si es que la escribo.
He pasado toda la última semana en Pamplona con mi chica, estrenando su nuevo piso. Después de todo lo mal que lo ha pasado para conseguirlo, ahora me encanta verla enseñándolo a las visitas. Poco a poco se le va olvidando lo malo y vuelve a tener la misma ilusión que hace tres meses. Además de dedicarnos a trasladar cosas y hacer algunos arreglos por la casa, el Viernes Santo aprovechamos para ir a un sitio al que hace muchos años quería ir: el Señorío de Bértiz.
Digo que llevo muchos años queriendo ir porque he pasado unas cuantas veces por Oronoz-Mugaire, el pueblo situado al pie del parque natural, y desde la carretera la vista es preciosa. Especialmente en primavera y otoño. Marzo es una fecha un poco temprana, porque los árboles aún no tienen hojas, pero era la que teníamos.
El Señorío de Bértiz es el único parque natural de Navarra. Está situado al norte, muy cerca de los Pirineos, y su entrada se encuentra en el puente en que el río Baztán pasa a llamarse Bidasoa. En efecto, el Bidasoa es el río más corto de España (sólo 35 km), pero aun así tiene dos nombres distintos. Antes de que alguien me diga que el río de su pueblo es más corto, me refiero a ríos que desembocan en el mar.
A la entrada del parque hay un jardín botánico bastante bonito, sobre todo si os gustan los árboles y similares. Desgraciadamente, a alguien se le ocurrió la brillante idea de quitar los carteles explicativos que había hasta hace poco, por lo que no sabes qué especie es cada uno de ellos. Esto lo sé porque, de los seis que hicimos la visita, yo era el único que nunca había entrado en el parque. Pero lo más interesante es la gran zona de monte, de unas 2000 ha de extensión.
Dependiendo del tiempo de que se disponga y las ganas de andar de cada uno, hay varios recorridos señalizados que pueden hacerse. Hay dos pistas asfaltadas que recorren el parque (aunque no se puede entrar con vehículos a motor, y sólo en una de ellas se permiten las bicicletas), pero nosotros elegimos usar el sendero de Irretarazu, que recorre la parte oeste del parque. Creo que hicimos una muy buena elección, os lo recomiendo a todos los que vayáis al parque. Después de recorrer unos 500 metros por la pista de Aizkolegi (que sube hasta hasta el punto más alto del parque, donde los antiguos dueños construyeron un palacete en el que pasaban los veranos), se toma el sendero a la izquierda. Hay una parte inicial bastante empinada, para salvar unos 200 metros de desnivel, pero luego todo el camino discurre a nivel y es muy cómodo para andar. En total, el recorrido tiene unos 11 km, de los que siete corresponden al sendero (se vuelve a la pista al final), pero si uno se cansa hay un par de atajos que pueden tomarse. De todos modos, ya os digo que el sendero es muy agradable, seguramente lo peor es la parte de pista mal asfaltada que machaca más los pies.
Como escribía más arriba, marzo es una época un tanto temprana para recorrer Bértiz. Casi todos los árboles son de hoja caduca, principalmente hayas, por lo que todavía no tienen hojas. Pero con la primavera un poco más avanzada tiene que ser precioso, y el color que toman las hayas en otoño es fantástico. Sin ninguna duda tengo que volver en otra época.
16 marzo 2005
Jaca
Pasé el último fin de semana en Jaca con mis amigos del pueblo. Como la vida ha llevado a cada uno por un sitio distinto, llegó un momento en que sólo nos veíamos en las bodas. Y ya hace unos años que están todos casados y con niños, salvo los tres irreductibles, conque ni siquiera eso. Así que ahora nos juntamos dos veces al año. Una es sólo los chicos, en noviembre, para pasar una tarde-noche juntos en el pueblo; la otra es en marzo todos juntos. Esta ocasión, originalmente, también era una noche juntos, cada vez en un lugar distinto, pero la cosa ha ido creciendo y ya coge todo el fin de semana.
Cada año tenemos dos organizadores. Me refiero a dos chicos; en mi cuadrilla, originalmente, éramos sólo chicos, las chicas son las novias y mujeres de los chicos. Hay una excepción, y sí, es la que pone a prueba la regla (ver entrada anterior). Uno de mis amigos empezó a salir con una chica cuando tenían 15 ó 16 años, y duraron hasta los 23 ó 24. El caso es que cortaron por aburrimiento, pero seguían llevándose muy bien y ella ya se había hecho amiga de todos, así que siguió en la cuadrilla.
Bueno, los mayorales (así llamamos a los organizadores) de este año lo montaron todo en Jaca. En realidad, en un cámping de las afueras que pertenece a unos amigos suyos. El cámping tiene unas habitaciones que ocupábamos nosotros por completo, conque todo el edificio era para nuestra cuadrilla. Por el día hacíamos turismo y por la noche, el bandarra hasta que nos cansábamos. Un buen plan.
El principal problema que teníamos Raquel y yo era el transporte. Antes había tren directo Madrid-Jaca, pero lo han quitado hace poco. Raquel tenía un autobús desde Pamplona, pero el horario era malo. Así que alquilé un coche aquí en Madrid, fui a recoger a Raquel a Pamplona y los dos juntos a Jaca. De paso, vi el nuevo piso que se ha comprado mi chica. Aunque ha tenido bastantes problemas para conseguir cerrar la compra, lo que le ha hecho pasar un par de meses bastante malos, ahora vuelve a estar muy contenta con él, y no me extraña. Es enorme, en muy buen sitio y a buen precio, teniendo en cuenta lo que se estila. Ahora falta acondicionarlo un poco, así que vuestro cronista se va a pegar la Semana Santa en Pamplona, echando una mano.
El viernes llegamos a la hora de comer. Aprovechamos para conocer a los del cámping, que resultaron ser muy majos y acabaron siendo dos más de la cuadrilla durante todo el fin de semana, al menos en lo que les dejaba su trabajo. Cena, charradica y a dormir, que nos esperaba un día duro.
El sábado por la mañana, después de atiborrarnos en el desayuno, nos esperaba un paseo a caballo por la Garcipollera. A pesar de mis buenos propósitos, no había vuelto a montar a caballo desde hace un año y tenía ganas de ver qué tal se me daba ahora que ya sabía un poco. Pues muy bien, oye. Me tocó una yegua bastante dócil que hacía todo lo que le mandaba. No como le pasó al Pastas, uno de nuestros mayorales, cuyo caballo se desbarraba cada vez que cruzábamos un vado. Fue gracioso ver a la pobre Raquel negándose a montar en un bicho tan enorme (sobre todo para ella), pero al final se le dio de maravilla. Creo que no será la última vez que montemos los dos juntos.
Después algunos querían ir a ver las pistas de esquí, así que nos fuimos hacia Candanchú. Hacía muy buen tiempo, había mucha nieve de los días pasados y se está acabando la temporada de esquí. Resultado: estaba lleno. Intentamos tomarnos algo en una terraza, pero no había sitio ni de pie. Conque estuvimos un ratito alcahueteando y nos volvimos al cámping a comer.
Allí nos esperaban unos cuantos amigos que acababan de llegar. Según las obligaciones (profesionales y parentales) de cada cual, hubo quien llegó el viernes, quien llegó el sábado por la mañana, por la tarde e incluso uno que apareció la mañana del domingo. Más cháchara, más batallitas y más abuelo Cebolleta.
Por la tarde teníamos preparada otra de las actividades que más me habían llamado la atención: ir a patinar a la pista de hielo. Jaca tiene una excelente pista de hielo, en la que incluso se han celebrado muchos Campeonatos del Mundo de patinaje artístico. Y yo no patinaba sobre hielo desde que era pequeñito (sólo una vez, y sin dejar de caerme). Raquel, por su parte, solía ir a patinar muchas veces en París y también tenía ganas de volver a hacerlo. Para su desgracia, su entusiasmo no era compartido por muchos en el grupo. Con la excusa de que había mucha cola, algunos empezaron a presionar para irnos a jugar a los bolos a una bolera cercana. Lo cierto es que no había tanta cola; sucedía que aún no habían abierto las puertas y, claro, había bastante gente esperando. Pero una pista tan grande no se iba a llenar con los que había. El caso es que la idea de la bolera fue ganando adeptos y al final sólo quedamos nosotros dos para patinar. Y no era plan. Conque nos quedamos sin patinaje y nos fuimos a jugar a los bolos.
Raquel se rebotó un poco, pero se le pasó en la bolera. No había jugado nunca y descubrió que le gustaba bastante. En fin, hicimos muchas risas y lo pasamos bastante bien, aunque es cierto que a los bolos se puede jugar cualquier día y lo de patinar es menos habitual.
Nos dimos una vuelta por Jaca (o lo intentamos, porque el pueblo estaba atiborrado) y ya nos volvimos al cámping para cenar. A los mayorales se les había ocurrido que nos hicieran algún guiso de caza, así que tuvimos estofado de jabalí para cenar. Era la primera vez en mi vida que comía jabalí, y me gustó bastante. Pensaba que se parecería al cerdo, pero no. Lo malo es que estas cosas son bastante pesadas para cenar.
Y aún peor para mí fue que estaba agotado. Llevaba toda la semana durmiendo poco y casi sin parar en casa; para rematarlo, todo el viaje del día anterior y el sábado sin parar de dar vueltas. Así que a la una o por ahí ya no podía más y me fui a dormir. Una pena, porque teníamos todo el bar para nosotros solitos hasta las ocho de la mañana (la hora a la que volvían a abrir para el público). La pobre Raquel aguantó más rato pero, a cambio, estuvo con el jabalí dándole vueltas hasta el lunes.
El domingo me levanté más o menos descansado. Por las caras que ví deduje que algunos prácticamente habían empalmado, claro. Desayuno abundante y salida hacia San Juan de la Peña. Tocaba visita cultural.
Aunque había estado muchas veces por Jaca y sus alrededores, nunca había ido a ver el monasterio y tenía muchas ganas. Conque para allá que fuimos todos con los coches, a encontrarnos con la guía que nos esperaba arriba. No nos arredramos por una señal de cadenas que encontramos; al fin y al cabo, estábamos a unos 20°C, así que era evidente que se les había olvidado taparla. Y una leche. Cada vez había más hielo en la carretera y, después de subir unos pocos kilómetros, estaba completamente helada. No había forma de subir en esas condiciones, conque tuvimos que dar media vuelta y bajar de vuelta a Santa Cruz de la Serós.
Allí nos dijeron que la otra carretera que sube al monasterio (la de la Peña Oroel, rodeando por el otro lado) sí estaba bien, aunque era peor y más larga. Conque nos cabreamos a distancia con la guía por no habernos avisado. Pero ya era demasiado tarde, de modo que nos quedamos viendo las iglesias del pueblo. Tiene dos muy interesantes, como habréis visto si habéis seguido el enlace que he puesto unas líneas más arriba. En el Alto Aragón hay muchos edificios románicos muy bien conservados que vale la pena ver.
Y ya, después de tomar algo en el pueblo, volvimos a nuestro cámping para la última comida juntos. Nosotros teníamos que salir pronto porque debía devolver el coche antes de las diez de la noche, y tenía que pasar por Pamplona a dejar a Raquel. Un buen fin de semana, aunque habría sido mucho mejor si no me hubiera cogido tan cansado. Menos mal que llega la Semana Santa, porque os aseguro que necesito cogerme unas vacaciones ya.
06 marzo 2005
Refranes
Los asiduos de dilettante's corner sabréis que el chico no tiene mucho cariño a los refranes. En general, es partidario de modificar la segunda parte de los mismos siguiendo una fórmula fija que, en su opinión, realza el valor de los mismos. Ejemplo:
A quien madruga, dios le ayuda --> A quien madruga, patada en los cojones
En abril, aguas mil --> En abril, patada en los cojones
Hombre refranero, medido y certero --> Hombre refranero, patada en los cojones
Leyendo estos ejemplos, resulta difícil no darle la razón.
Sin embargo, en mi opinión, los refranes no son tan malos en sí mismos. Lo malo es usarlos como sustitutos de la propia inteligencia. Por ejemplo, me hace gracia ver estos días por las librerías algunos compendios con los refranes del Quijote. Qué guay, aprovechemos el centenario para vender unos cuantos libros. Al fin y al cabo, en el Quijote salen un montón de refranes y, como casi nadie se lo ha leído, ni se darán cuenta de que Cervantes se cachondeaba de ellos. Una de las características de Sancho Panza, especialmente en la segunda parte del Quijote, es la de encadenar refranes, vengan o no a cuento. Aquí copio un coloquio típico entre Don Quijote y Sancho, en este caso procedente de los consejos que Don Quijote da a su escudero cuando éste va a regir la ínsula Barataria:
- También, Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles, que, puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias.
- Eso Dios lo puede remediar -respondió Sancho-, porque sé más refranes que un libro, y viénenseme tantos juntos a la boca cuando hablo, que riñen por salir unos con otros, pero la lengua va arrojando los primeros que encuentra, aunque no vengan a pelo. Mas yo tendré cuenta de aquí adelante de decir los que convengan a la gravedad de mi cargo, que en casa llena, presto se guisa la cena, y quien destaja, no baraja, y a buen salvo está el que repica, y el dar y el tener, seso ha menester.
- ¡Eso sí, Sancho! -dijo don Quijote-. ¡Encaja, ensarta, enhila refranes; que nadie te va a la mano! ¡Castígame mi madre y yo trómpogelas!. Estoyte diciendo que excuses refranes, y en un instante has echado aquí una letanía dellos, que así cuadran con lo que vamos tratando como por los cerros de Úbeda. Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal un refrán traído a propósito; pero cargar y ensartar refranes a troche y moche hace la plática desmayada y baja.
El bueno de Sancho usa y abusa de los refranes, precisamente, para evitar tener que pensar y producir parlamentos propios. Que viene a ser el principal uso que se da a los refranes.
Hay algunos que, ciertamente, corresponden a la intención inicial de constituir sabiduría popular condensada. Por ejemplo, creo que es difícil oponerse a estos:
- Por Santa María, una hora crece el día
- Por San Blas, la cigüeña verás
Los dos vienen a hacer referencia a lo mismo: a principios de febrero (Santa María es el día 2, San Blas el 3) ya ha pasado lo peor del invierno y empiezan a notarse los primeros atisbos de primavera. Y es cierto que, en la zona en que se originaron estos refranes, a principios de febrero el día dura una hora más que en el solsticio de invierno, y las cigüeñas empiezan a volver de la migración invernal.
Otros dos refranes meteorológicos que conceden más campo a la estupidez:
- En febrero busca la sombra el perro
- Agosto, frío en el rostro
El primero indica que a finales de febrero empieza a haber días buenos; el segundo, que a finales de agosto empieza a refrescar algunos días. Un memo puede usarlos para decir que en febrero tiene que hacer calor y que las olas de frío actuales se deben a que llega el juicio final y la catatombe. Dentro de seis meses, cuando en agosto haga un calor que se derritan las farolas, el mismo simple tirará de refrán para lo opuesto. Pero la culpa no es del pobre refrán, es del mentecato que los usa.
Si seguimos bajando por la escala de los refranes llegaremos a los favoritos de locutores de televisión y otros individuos que tienen que llenar un vacío con sus palabras sin saber cómo:
- No hay dos sin tres
- A la tercera va la vencida
- No hay quinto malo
Estos, directamente, no hay por dónde cogerlos. Aquí me gustaría añadir un refran moderno de uso generalizado entre los periodistas deportivos:
- A entrenador nuevo, victoria segura
Obra cumbre de la estulticia moderna, cada vez que un equipo de fútbol cambia de entrenador hace estragos entre las redacciones deportivas. No importa que el equipo gane, pierda o empate: el refrán se usa igual, porque usar un refrán no exige pensar. Más bien lo contrario, favorece a quienes sólo usan la cabeza para criar pelo.
Pero hay otra categoría aún más baja: la de los refranes que se usan con sentido opuesto al correcto. Y, por supuesto, sin parar. Ejemplo:
- La excepción confirma la regla
Menuda sandez. Variación del original "la excepción prueba la regla", a algún estulto se le ocurrió que quedaba mejor de la otra forma. Dejaré a mi admirado Ambrose Bierce que comente este refrán:
"La excepción prueba la regla" es un dicho que está siempre en boca de los ignorantes, quienes la transmiten como loros de uno a otro, sin reflexionar en su absurdo. En latín, la expresión "exceptio probat regulam" significa que la excepción "pone a prueba" la regla, y no que la confirma. El malhechor que vació a esta excelente sentencia de todo su sentido, sustituyéndolo por otro diametralmente opuesto, ejerció un poder maligno que parece ser inmortal.
Esto enlaza con lo que he venido repitiendo a lo largo de este ladrillo: el refrán sustituye la inteligencia. La expresión latina, de aplicarse, obliga a hacer un ejercicio intelectual. Obliga a examinar esa excepción y estudiar por qué no se cumple la regla. Tal vez sea porque la regla no está bien formulada, tal vez porque la excepción tiene alguna característica oculta que no hemos considerado en nuestra primera impresión. Sin embargo, podemos ahorrarnos tanto esfuerzo diciendo, con alegría que se trata de "la excepción que confirma la regla". Y, acto seguido, volver a nuestra ocupación original, consistente sin duda en echar la culpa a los demás de nuestros males. Que el mundo nos tiene manía, oye.
28 febrero 2005
La calçotada
Este fin de semana, Raquel y yo hemos estado en Cataluña porque se celebraba la tradicional calçotada que organizan los mensistas catalanes todos los años. Y todos los años quiero ir, pero siempre pasaba una cosa u otra que me lo impedía. Conque esta vez reservé el fin de semana tan pronto supe con seguridad cuál iba a ser. Siempre oía a los demás contar lo bien que se lo habían pasado, esta vez quería ser yo quien lo contara.
El viernes llegué en el tren a la estación de Sants poco después de las nueve y media de la noche. Allí me esperaba Raquel, que había llegado un poco antes en autobús, junto con nuestros amigos Dile y Rossie, que serían nuestros anfitriones. Ah, y también guolf. Y nos fuimos directamente a la cena revolucionaria del MORPRED.
Las reuniones locales de Barcelona se celebran entre semana (lunes o jueves): el MORPRED es el MOviment Revolucionari Pro Reunions En Divendres (perdón por las faltas de ortografía), así que se dedican a montar cosas en viernes. Esta vez fue siringa quien organizó la cena, que tuvo bastante afluencia. Fue la primera ocasión para conocer a gente a la que no había visto antes, pero sobre todo reencontrarme con viejos amigos y conocidos catalanes. Y madrileños también, que iban llegando poco a poco. De otros lugares creo que no vino nadie, con excepción de Ianekin.
Después de cenar siringa sacó unos folios con un enigma que sirvió para jugar un poco tras la cena y para recordarme una vez más que, si en un enigma hay algo que me parece absurdo, no significa que esté mal hecho. Tal vez sea una pista. Ay, qué tontito.
Luego tardamos cosa de tres cuartos de hora en recorrer la distancia entre la mesa y la puerta del restaurante; no es que fuéramos ya mamados y no la encontráramos, es que había mucha gente a la que saludar y el grupo no se movía. Unos cuantos empezaron la ronda copera, pero nosotros nos fuimos a casita. Nos esperaba un día duro.
El sábado teníamos que estar a mediodía en Cambrils. Más bien, en una masía cercana a la que se accedía por unos caminos de cabras. De todos modos, nos levantamos los cuatro, nos arreglamos y nos pusimos en camino. Llegamos puntuales y sin perdernos. Qué cosas. Claro que esto sólo aplica a nuestro coche; hubo unos cuantos que tuvieron más problemas, pero nada terrible. Más saludos a gente que no había estado el día anterior en la cena (incluidos algunos colegas mensamaños) y más gente nueva por conocer. Por fin conocí a Pucela y a su prole, por ejemplo. Aunque sólo pude estar hablando con él cosa de diez minutos, después de comer, porque estaba demasiado entretenido con los chicos. No creáis que estaba sufriendo, no; me parece que quien mejor se lo pasaba de los cuatro era él mismo.
Y llego el momento de los calçots. Claro, "calçotada" viene de "calçot", que es el nombre que se da a unos cebollinos tiernos que se comen en grandes cantidades en estos eventos. Según nos explicaron, el nombre de "calçot" viene de la técnica usada para cultivarlos, que consiste en ir tapándolos con tierra conforme van creciendo (como si les hicieran un calcetín) para que los tallos queden blancos. La técnica para comerlos es bastante simple; una vez te comes dos o tres la manejas perfectamente. Se sujeta el calçot por la parte superior, se agarra un poco más abajo con la otra mano y se estira para quitar la piel, que sale de un tirón como si fuera una camiseta. Luego se mete el calçot en un bote de salsa parecida a la romescu y se come. Están francamente buenos. Nos los daban en paquetes de quince para cada uno, pero luego podíamos repetir. Hubo quien se metió cuarenta calçots entre pecho y espalda, pero yo me quedé en la mitad, más un par de alcachofas. Y esto no era todo: nos lavamos las manos (te pones perdido con la ceniza de la piel de los calçots) y entramos al comedor, donde sacaron unas ensaladas, munchetas (o mongetes en catalán, pero en el Bajo Aragón las llamamos munchetas) y carne. Luego, crema catalana de postre. Creí que reventaba.
A media tarde cada uno se volvió a su casa, aunque quedamos para volver a vernos por la noche (los que aún pudieran moverse, al menos). El viaje de vuelta fue peor que el de ida, porque había una manifestación con los del Carmel y no se les ocurrió nada mejor que cortar la Ronda de Dalt. De todos modos, tardamos, pero llegamos a casa. Las chicas no querían volver a salir (una tenía que estudiar y la otra estaba acatarrada y quería acostarse), pero Dile y yo sí. Acabamos juntándonos unos quince, primero en el local habitual de reunión de Barcelona y luego en un pub que había no muy lejos. Allí estuve contando batallitas con el Pirata Roberts, que no es tan temible como él dice.
Sobre las tres, Dile y yo nos volvimos a casita. O eso pretendimos. Fuimos hacia la Plaza de Catalunya a coger el autobús nocturno. Llegamos a la parada.
- Mira a ver a qué hora pasa
- ¿Qué línea es?
- La 4
- A las 3.15 y a las 3.50
- Magnífico, son las 3.18
Con el frío que hacía, decidimos intentar coger un taxi. Jua, jua. Ni uno. Bueno, ni uno vacío. A las 3.40 decidimos volver a la parada de autobús; autobús que, por si no estábamos pasando suficiente frío, pasó con casi un cuarto de hora de retraso y petado de gente. Pero bueno, conseguimos volver a casa.
El domingo, Dile y Rossie habían quedado para comer con su familia, conque nos despedimos de ellos y nos fuimos a comer otra vez con la peña de Mensa. Como despedida, habíamos quedado en un sitio no muy lejos de Sants y la salida de Barcelona hacia Madrid, para que los de fuera lo tuviéramos fácil para irnos luego. De todos modos, mi tren no salía hasta las seis y media (intenté cambiarlo pero no pude), conque aproveché para ir a ver a mkxis, que no había podido venir a nada porque estaba trabajando en la Setmana del Llibre en Català. Así que, después de dejar a Raquel en el autobús, fui para allá. Como sabéis todos los que la conocéis, mkxis es un encanto. Además, estaban también por ahí sus hijas, conque aprovechó para presentármelas y, de paso, babear un poquito con ellas. Ay, qué madraza. Los demás de la comida que no se habían ido fueron llegando poco a poco, conque aprovechamos para recorrer la exposición y hacer un poco de gasto. Yo me llevé un libro del Buenafuente, de ésos que van bien para leer en el metro porque son cosas cortitas (en este caso, monólogos de sus programas en TV3) y te ríes. Además, me apetece ver qué caras ponen algunos del trabajo cuando me vean con un libro en catalán.
De aquí sí que me fui a coger el tren. Un viaje sin más peripecias, aunque en la cafetería escuché un fragmento de una conversación interesante. Dos chavales de apenas veinte años con el aspecto que podéis deducir de la frase que le dijo uno de ellos al otro:
- Yo defiendo más lo que hace el nacionalsocialismo que el nacionalsindicalismo, pero bueno, es mi manera de ser.
Fachas zaragozanos, cuánto tiempo hacía que no los veía. Y qué poco los he echado de menos, aunque en Madrid también tenemos nuestra ración.
14 febrero 2005
La fidelidad
Leyendo el blog de siringa he visto que las cinco preguntas de esta semana trataban sobre la fidelidad. Tal vez porque hoy es la fiesta de la manga pastelera, San Valentín. Así que he pensado en escribir una entrada sobre mi idea de la fidelidad, en lugar de contestar a las preguntas. Porque, como veréis si leéis lo que sigue, en mi caso esas preguntas no tienen mucho sentido.
Desde siempre, haya tenido novia o no, he pensado que el concepto clásico de fidelidad es una gilipollez. Por suerte, mi chica piensa lo mismo. Es decir: cuando no estamos juntos, cada cual hace lo que le da la gana. Aún añadiría más: cuando estamos juntos, también. Ocurre que, normalmente, cuando estamos juntos lo que queremos hacer es, precisamente, estar juntos. Y, desde luego, ninguno de los dos rehúye al otro jamás. Pero siempre me han dado asco los celosos. Asco y un poco de pena, la verdad. Creo que los celos no son sino una forma de inseguridad. Lo mismo que la fanfarronería y tantas otras cosas. Igual que creo que una persona modesta no puede ser tímida, creo que una persona segura de sí misma no puede ser celosa.
Todo lo anterior no implica que ninguno de los dos vayamos por ahí a la caza y captura. Nunca he sido un picha brava. No hace mucho se quejaba Papi Lindo a mi chica de que alguna vez ha salido conmigo por ahí a ligar y no le he dado ningún resultado. Lo siento, pero entrar a un grupo de chicas en un bar me aburre. Mucho.
La fidelidad, para mí es otra cosa muy distinta. Consiste en que mi chica sepa que siempre me va a tener a su lado. Que, si tiene un problema, estaré allí para apoyarla. Que siempre es la persona más importante del mundo para mí. Que confío en ella para todo, que creo en todo lo que ella haga, que todo lo que tengo es suyo. Que, si quiere que haga cualquier cosa por ella, la haré. Todo lo demás, para mí, son tonterías.
03 febrero 2005
El balneario
Ultimamente no paso toda mi jornada laboral en la oficina de siempre. Tenemos una compañera desplazada en unas instalaciones de un cliente y la chica necesitaba que alguien la ayudara durante algún tiempo, así que ahora voy dos días por semana allí. Llamo a ese sitio "el balneario" porque se respira una paz y una tranquilidad que no veas.
No es que no hagamos nada, ni que no trabajemos. Pero estamos sólo cuatro personas (cuando estamos los cuatro) en una habitación, cada cual a su bola, sin que nadie venga a darnos la brasa, sin jefes rondando. Hasta ahora no me había dado cuenta de lo ruidosa que es mi oficina, donde estamos casi cincuenta personas. Y no muy calladitos, que digamos.
Además, en el balneario sólo hay edificios pequeños con jardincitos entre ellos, así que de vez en cuando puedes darte un paseíto. Es una pena que ya no vaya a estar mucho más tiempo, porque en primavera se tiene que estar de maravilla.
Creo que voy a echarlo de menos. Pero, de momento, voy a ir casi todos los días, en lugar de sólo dos por semana. Aprovechemos mientras dure.
22 enero 2005
Daño físico
Hoy en el metro he visto a un par de músicos que tocaban en el vagón en que iba yo. Uno de ellos tocaba un dulcimer que llevaba colgado del cuello, lo que le hacía agachar mucho la cabeza y tocar encorvado, porque el artilugio tenía pinta de pesar lo suyo. Cuando hemos llegado a la siguiente estación y se han bajado, he comprobado mantenía la joroba incluso cuando no llevaba el instrumento colgado. Naturalmente, no puedo saberlo con seguridad, pero me ha parecido que la cantidad de horas que se ha podido pegar con el dulcimer colgado del cuello le ha podido provocar daños permanentes en la columna.
A lo largo de la historia ha habido muchos casos de personas a las que una actividad de este tipo les ha provocado lesiones irreversibles. Es famoso el caso del compositor Robert Schumann. En su juventud, Schumann quería convertirse en virtuoso del piano, así que ideó un sistema de contrapesos que le sujetaban los dedos mientras tocaba para mejorar su técnica. Lo único que consiguió fue una lesión en la mano derecha de la que nunca pudo curarse y que le impidió volver a tocar el piano.
Los aficionados al atletismo tal vez recordéis a Yuri Sedykh, quizás el mejor lanzador de martillo de todos los tiempos. La fuerza que tenía que hacer con los dedos para sujetar el martillo en los lanzamientos y sus entrenamientos hicieron que se le atrofiaran las articulaciones de los nudillos, por lo que no podía abrir la mano.
Los que me conocéis sabéis que yo soy muy entusiasta con la guitarra, pero eso de causarte lesiones irreparables ya no, mira. Cuando te empiezan a doler las articulaciones quiere decir que tienes que parar. A diferencia de los videojuegos, en la vida real sólo tenemos un cuerpo para toda la vida. Los ciberimplantes aún no funcionan bien del todo.
21 enero 2005
La peor pesadilla
Hoy a media mañana he salido un momento de la oficina, como suelo hacer, para tomar un cafecito. Al volver he ido a hacer un pis; he ido al meódromo, me he bajado la bragueta, he ido a sacármela y... ¡no estaba! ¡Que no me la encontraba, oye! Y yo estaba seguro de que esta mañana, cuando me he levantado, estaba allí.
Horror de los horrores.
Al final se ha resuelto el misterio. Esta mañana, cuando me he vestido, estaba aún más dormido de lo habitual y me he puesto los calzoncillos del revés. Menos mal que no iba muy apurado porque, si no, me meo patas abajo.
18 enero 2005
Anti-Murphy
Releyendo mi entrada anterior me he acordado de algo que nos sucedió a dile y a mí el jueves. El chico necesitaba hacer una operación bancaria, para lo que tenía que ir a dos entidades concretas. Casualmente, era jueves, conque las dos abrían por la tarde. Y estábamos en mi casa, así que yo sabía que las dos tenían sucursales a escasos metros, una al lado de la otra. Conque el chico pudo ir y hacer lo que necesitaba.
Muchas veces, cuando las cosas salen mal, nos acordamos de Murphy. Yo el primero, lo reconozco. Pero también casualidades positivas que tienen muy pocas posibilidades de ocurrir. Es lo que en inglés se llama "serendipity", no conozco un término equivalente en castellano.
Otra que me ocurrió hace ya bastantes años. Iba con mi viejo ocho y medio por la carretera, tan feliz, cuando noté que empezaba a fallar. El acelerador no respondía. Y en Aragón los pueblos están bastante separados uno de otro; pero, casualmente, estaba llegando a uno.
El coche no tiraba en absoluto, así que me arrimé a la acera y allí se detuvo. Pensé en preguntar dónde había un taller mecánico, pero no hizo falta: había parado justo a la entrada de uno. Que estaba abierto, además, pese a ser fin de semana. Pregunté al mecánico si podía echarle un ojo a mi coche y lo hizo. Simplemente, se había soltado un manguito de la goma de la gasolina. Lo volvió a poner y no me cobró nada por el arreglo. Seguí camino y ningún problema más.
Imaginad que se hubiera parado a quince kilómetros del pueblo más cercano, en una época en la que no existían los móviles. Por no hablar de lo que me habría costado la grúa. O que hubiera ocurrido a una hora en que los talleres estuvieran cerrados. Debe de haber algún anti-Murphy por ahí que, mientras no miramos, equilibra las maldades que hace su hermanito.
13 enero 2005
Todo para el pueblo...
Esta tarde estaba con dilettante en una caja de ahorros, esperando a que el chico hicera una operación. Y, en semejante sitio, vaya usted a saber por qué, me he acordado de algo que ocurrió hace muchos años.
A mi hermano le había dado por el tenis de mesa. En aquella época mi padre viajaba mucho por causa de su trabajo y casi siempre nos traía algún regalo a la vuelta. Conque esa vez decidió traerle a mi hermano una pala de ping-pong.
Llega el hombre todo ilusionado con su regalo, lo saca... y menudo berrinche. Que vaya mierda, que eso no vale para nada, que yo quería una buena...
Yo no sabía por quién sentir más lástima: por mi hermano, que ahora ya no podría comprarse una pala buena (no ibamos muy sobrados de dinero en casa); o por mi padre, que había visto como toda su buena voluntad se iba al traste.
Y es que aquí se juntaban dos cosas: el capricho de mi hermano (al que la afición al tenis de mesa no le duró más de un par de meses, como es habitual en él) y la maldita costumbre de mi padre de hacer las cosas por los demás sin preguntarles. A lo largo de mi vida he visto esta situación repetida muchas veces. El hombre hace algo por alguien con su mejor intención y le sale mal porque no se le ha ocurrido preguntar a ese alguien. Si vas a un restaurante con él, pedirá por ti lo que él crea que te va a gustar más, en lugar de dejarte elegir.
Al menos esa manía me ha servido para algo: yo nunca lo hago. Vamos a ver: si sé que te gusta el café con leche con dos cucharadas de azúcar y alguien me pregunta cuántas cucharadas vas a querer, le diré que dos. Pero no voy a ir mucho más allá. Prefiero quedarme corto a pasarme.
Y, si alguna vez lo hago, perdón. Es difícil evitar hacer lo que has visto toda tu vida.
09 enero 2005
Educación infantil
Después de ver "Matar un ruiseñor" el otro día en casa de Rapunzell, como ella explica en su blog, he pensado que el de Atticus Finch no es el único modelo paterno que existe.
El otro día, a la hora de comer, un compañero de trabajo dijo lo siguiente: "Pues yo a mis hijos les he dicho que sí, que lo del tsunami es una putada, pero que será bueno para España porque aumentarán los ingresos por turismo."
Qué bonita frase, ¿verdad?
02 enero 2005
Y más Nochevieja
Ésta es la entrada que tenía pensado escribir hoy, aunque he visto las preguntitas que había propuesto Siringa y he decidido contestarlas. Por eso hay otra entrada más.
Inicialmente, la fiesta de fin de año de los Athechuzos iba a ser en casa de Tindriel, pero al final el plan se deshizo y hubo que buscar una alternativa. Así que propuse mi casa. El principal motivo era que a Raquel no le gusta quedarse a dormir en casa ajena y tampoco tener que depender de que alguien nos traiga de vuelta, así que ir a una fiesta fuera de Madrid era un problema (por eso no podíamos ir a la tuya, Hari). Si la fiesta era aquí, ella iba a estar encantada, claro. Además, mi salón es grande y cabe mucha gente.
Antes de la fiesta también tuvimos algunos invitados para cenar. Vinieron Jofán, Cassandra, mi amigo el Mono y su mujer, Cris. El Mono y yo, como cuento en mi entrada anterior, nos conocemos de toda la vida. Es de mi cuadrilla de siempre de Zaragoza, pero ahora viven en Madrid. Así que Raquel y yo estuvimos entretenidos toda la tarde preparando la cena. Naturalmente, hicimos comida suficiente para otros tantos si hubieran venido, pero pensando en preparar cosas que se conservaran bien para otros días. Creo que las sobras me van a durar una semana.
Cuando Cris y yo nos juntamos, nos entran unas ganas irrefrenables de putear al pobre Mono. Hemos descubierto que se nos da muy bien tirarle pullas a dos bandas. Conque nos entretuvimos en eso. Pena que Jofán y Cassandra no se encontraban muy bien (por culpa de lo que habían comido a mediodía, yo no les envenené, conste), pero aún así aguantaron un rato, aunque se fueron los primeros de la fiesta. Espero que ya estéis bien, chicos.
Después de las uvas (Raquel no pudo comerse ni media docena porque estaba doblada de risa con las chorradas que iba diciendo el Mono) y el preceptivo "¡Por el culo te la hinco!" apartamos la mesa y despejamos el salón para que fueran llegando los invitados a la fiesta. Cosa que empezó a ocurrir bastante pronto; antes de la una ya había unos cuantos. Y siguieron llegando hasta que fuimos unos veinte. La fiesta fue de maravilla, nos lo pasamos en grande, perdí la noción del tiempo... He descubierto que esto último es un claro síntoma de que me lo estoy pasando bien. Espero que nadie tenga queja de sus anfitriones, porque nos turnamos para tener a todo el mundo atendido: cuando yo me fui a dormir, se levantó Raquel. Creo que eso debería haberme hecho pensar que era tardecillo. Claro que teníamos pensado ver hoy la versión extendida de "El retorno del rey" juntos, pero la chica se ha cansado de esperar a que me levantara y la ha visto por su cuenta. Es que me he levantado a las ocho de la tarde; hace un rato, vamos.
Ah, se me olvidaba que traumaticé a mis invitados haciéndoles ver un vídeo que tengo con unos guiñoles de Supermaño. Si no eres aragonés es un poco difícil entenderlos, claro, pero Mono y Cris, que sí lo son, me han dicho que esta noche han soñado con él.
Tomber cumplió con su tradición de llevarse un DVD cada vez que viene por mi casa. Y Rapun se ha llevado un disco de Yes. Debo apuntar entre mis buenas obras del año que he conseguido una conversa para la causa y estoy en trance de conseguir otro (el Capi). A cambio Ear se ha dejado unas cuantas cosas en casa (te las devolveré cuando nos veamos) y ha quedado alcohol como para montar tres chuzos.
En fin, tal vez haya sido mi mejor entrada de año de siempre. Mono y Cris me han encargado que os diga a quienes estuvisteis que se lo pasaron bomba y que todos sois la leche. Esto último ya lo sabía yo, claro, pero me encanta comprobarlo de vez en cuando.
Creo que lo mejor que me ha pasado en 2004 ha sido conocer a muchos de quienes anoche estuvisteis en mi casa. Seguid siendo los mejores durante 2005.
Nochevieja
Las cinco de esta semana, tratan sobre la Nochevieja, cortesía de Siringa:
1) ¿Cómo pasas la Nochevieja? ¿La celebras en familia u organizas cenas en casa con los amigos?
Casi nunca la paso con mi familia. Lo habitual en los últimos años ha sido cenar con la familia de Raquel, pero este año hemos estado en Madrid con amigos.
2) ¿Eres de los que se come todas las uvas, o a la tercera campanada estás muerto de la risa y no puedes terminar?
Uno de los amigos con los que hemos cenado ha sido el Mono, al que conozco desde que teníamos seis años (él aún tenía cinco, en realidad). El cabrón de él, mientras los demás nos comíamos las uvas, se ha dedicado a decir chorradas para hacernos reír. He intentado mantener la compostura, pero en la undécima ya no he podido más, aunque he podido acabarlas dignamente.
3) ¿Cumples con alguno de los rituales de Nochevieja, como encender velas, ropa interior roja, pedir deseos y cosas así?
Nunca.
4) ¿Te haces propósitos de Año Nuevo, o ya ni lo intentas porque sabes que no lo conseguirás?
Tampoco los hago. La Nochevieja del año pasado dejé de fumar definitivamente (tampoco es que fumara mucho), pero fue porque se me ocurrió de repente.
5) ¿En qué lugar soñado te gustaría pasar la Nochevieja?
No se me ocurre un sitio mejor que el de este año: en una fiesta con un montón de amigos.