17 octubre 2003

El tiempo

A petición de mkxis, podéis volver a ver qué tiempo hace por Madrid en esta página. Si lo pides con esa dulzura, encanto, cualquiera te niega nada.


16 octubre 2003

Lo que a nadie le importa ;)

Hoy tengo un enlace nuevo, a Lo que a nadie le importa ;). El emoticón viene en el título. Es el blog de Sherraiza y, bueno, al menos a mí sí me importa.


14 octubre 2003

La historia de la Banda

Durante el "desfile" del que os hablaba en la entrada anterior repartían una octavilla en la que se contaba el origen de la Peña El Brabán, organizadora del acto, y mi banda, la Banda del Canal. La historia de ambas se inició a la vez, hace nada menos que 26 años. En aquellos tiempos, las fiestas del Pilar en Zaragoza consistían en poco más que la Ofrenda de Flores y la cena que organizaba el ayuntamiento para las fuerzas vivas de la ciudad, con asistencia de las reinas de las fiestas (hijas de concejales o industriales ricos), en la Lonja, un palacio situado entre el Pilar y el Ayuntamiento. Esta es la narración del día en que ambas nacieron y que se conmemoraba en esta ocasión, según un miembro anónimo de la peña que escribió la octavilla:

[Para quien no conozca la ciudad, Torrero es un barrio separado del resto de Zaragoza por el Canal Imperial de Aragón, donde estaban, entre otras cosas, la cárcel y el cementerio. Y yo tenía once años recién hechos, así que ni me enteré de los hechos que aquí se cuentan].

Los precedentes de la Peña El Brabán y de la Banda del Canal los encontramos en las Fiestas del Pilar de 1977. No existían todavía lo que hoy conocemos como fiestas populares, pero se vivía un momento de eclosión de la vida democrática repleta de grupos políticos todavía sin legalizar, y de un movimiento ciudadano con gran capacidad de convocatoria que se vertebraba en torno a las Asociaciones de Vecinos. Estos dos elementos, Partidos de Izquierda y Asociaciones Vecinales eran entonces el germen de casi todas las movilizaciones.

La necesidad de unas fiestas populares era algo patente que no podía sustraerse a esa vitalidad de la sociedad civil que todo lo invadía. Por ello, se convocó una especie de desfile festivo, cuyo comienzo fue en Torrero, y que pretendía llegar hasta La Lonja para llamar la atención ante la cena de gala que todos los años convocaba "el búnker", nombre por el que se conocía a la facción más franquista de entre los franquistas. No pretendíamos reventar nada, sino manifestar nuestra alegría y, de paso, fastidiar un poco, claro.

La marcha-defile-manifestación estuvo encabezada por un bombo y un tambor. No había instrumentos de viento ni falta que hacían. Las alrededor de mil personas que allí acudimos no cesamos en el empeño de cantar a voz en grito las melodías festivas de toda la vida, aderezadas con aquel famoso "chss, chss, que vienen, que vienen". Éste fue el principio de lo que durante tantos años hemos conocido como "La Banda del Canal", y que hoy sigue siendo un símbolo festivo en Zaragoza.

Al acabar el recorrido en la confluencia de la calle Don Jaime y la Plaza del Pilar nos esperaba una aguerrida compañía de "grises" formando una barrera infranqueable. Para nosotros este tipo de formación policial era totalmente novedosa, pues hasta entonces nos tenían acostumbrados a sorprendernos a traición, sin dejarnos andar más de cien metros y tapándonos las posibles escapatorias, convirtiendo cualquier movilización en una peligrosa encerrona en la que te jugabas la integridad física.

Nada más avistar el despliegue corrí a ponerme en la cabeza del grupo festivo para intentar negociar con los "grises" y evitar cargas con consecuencias no deseadas, no en vano hacía poco más de un año que había salido de la cárcel y tenía cierta familiaridad con el aparato represor heredado de la dictadura. Pese a mi buena voluntad, sinceramente sólo me esperaba un porrazo y a correr; ante mi sorpresa, el oficial que mandaba las fuerzas me saludó educadamente y me comunicó que tenían órdenes de evitar que pasáramos de aquel punto; yo le contesté que si nos dejaban pasar hacia la Plaza del Pilar no boicotearíamos la cena de la Lonja, pues sólo pensábamos cantar y bailar en la Plaza, pues para eso eran las Fiestas del Pilar. En ese momento, los más "valientes", desde la cola de nuestro grupo, comenzaron a proferir gritos como ¡policía asesina! o aquel famoso ¡social, acuérdate de Portugal!, en alusión a la huída precipitada de los torturadores de la PIDE portuguesa durante la Revolución de los Claveles. Al oír estas frases, y otras de mucho peor gusto, el que mandaba el grupo de grises se puso tenso y nervioso, se volvió hacia los suyos y mandó cargar; cuando dio aquella orden yo ya me encontraba a bastantes metros de aquel conflictivo lugar, pero no todos pudieron correr a la misma velocidad.

La carga fue brutal. Llegaron ambulancias y el caos se apoderó de la zona. En mi memoria ha quedado la cara ensangrentada de una joven de 15 años que ni siquiera nos permitían auxiliar mientras yacía en el suelo semiinconsciente. La nota curiosa la puso Carmelo, de la Banda del Canal, disfrazado de preso, con un bombo corriendo delante de los grises. Cuando se hubieron marchado las ambulancias y el lugar quedó vacío y humeante, se dio una situación que jamás he llegado a comprender. Los "manifestantes" volvimos lentamente a la calle Don Jaime; sin saber cómo, nos encontrábamos caminando, silenciosos, entre los policías que nos miraban de reojo sin inmutarse, como el niño que ha hecho algo malo y teme que le regañen.

Cuando empezábamos a reaccionar ya estábamos en la Plaza del Pilar. Fue entonces cuando recordamos para qué estábamos allí. Comenzamos a hacer corros mientras los tambores seguían sonando; cantábamos, bailábamos y hacíamos pequeñas torres humanas entre el regocijo general. Poco a poco fue llegando más gente que contribuía a crear un ambiente festivo inusitado, una extraña complicidad en una situación nueva para todos.

A partir de ese momento, la Banda del Canal, con el fin de hacer música, divertirse y divertir, iniciaron una larga trayectoria que alcanza 26 años, participando a voluntad en las manifestaciones festivas de la ciudad, siempre de manera independiente y sin ánimo de lucro.

Esa noche trágica y mágica de los primeros días de octubre de 1977 fue la que nos impulsó a crear lo que luego ha sido la peña El Brabán.

El año siguiente nació la Peña El Brabán, y con la vocación de lograr para nuestra ciudad unas fiestas populares, fue la chispa que encendió los ánimos ciudadanos, y vehículo de alegría y diversión.

La estela la han seguido a lo largo de los años muchas más peñas, que han proporcionado un colorido especial, y el Ayuntamiento poco a poco fue dotando de más contenidos nuestras fiestas, y con el espíritu hospitalario y alegre de nuestros conciudadanos se ha adquirido el prestigio actual.

La Peña El Brabán ha continuado desde entonces reproduciendo y conmemorando esta cena, sólamente variando la ubicación, desde que el Ayuntamiento programa gran parte de los actos en la Plaza del Pilar, motivo que nos llevó a utilizar la Plaza de España.

Este año recuperamos, de forma festiva, alegre y conmemorativa, lo que entonces fue una justa reivindicación.

Las nuevas generaciones

Pues sí, ya he vuelto de Zaragoza. El Pilar, muy bien, aunque el último día andaba un poco chungo.

Me estaba acordando ahora de uno de los días en que salí a tocar con la Banda. Nuestro trompeta, Ramón, se trajo a su hija Laura, cosa bastante habitual. Laura tiene diez años y es una de las personas más inteligentes que he conocido nunca. La conozco desde que nació, pero no deja de sorprenderme. Aunque, claro, sigue teniendo diez años.

Esta vez venía con su vecina Miriam, un año mayor que ella. Laura tiene una estatura normal para su edad, pero Miriam aparenta tranquilamente cinco o seis años más de los que tiene. El caso es que, en un momento dado, van las dos al pobre Ramón:

- ¡Papá, papá! ¿A qué hora vamos a llegar a la plaza del Pilar?
- Yo qué sé, cuando lleguen todos [ese día íbamos en una especie de desfile desde la otra punta de la ciudad] ¿Para qué lo quieres saber?
- Es que a las ocho, en la plaza de la Seo [junto a la del Pilar, para quien no conozca Zaragoza] bailan nuestros novios y queremos verles.

Risitas contenidas entre los demás miembros de la Banda. Pero Ramón ni se inmuta:

- ¿Qué pasa, que son joteros?
- No, son raperos y bailan hip-hop.

Descojone absoluto y varios instrumentos que casi se caen al suelo. Jo, cómo vienen.


07 octubre 2003

El Pilar

Estos días estoy en Zaragoza porque son los Pilares. Como todos los años, mi banda cambia de nombre (el que paga, manda) para convertirse en la Ambar Beer Band y salimos a tocar en un carro de caballos de Cervezas La Zaragozana. Mola bastante, aunque siempre acabo con el brazo dolorido porque tengo que aporrear el banjo en una postura bastante incómoda. Además, si hace viento (y en Zaragoza siempre hace viento), se pasa bastante frío.

Desgraciadamente, he tenido que venir un par de días a Madrid a trabajar, porque vamos un tanto agobiados en el curro, como siempre, pero dentro de unas horas vuelvo a las fiestas. Ya os contaré a la vuelta.


28 septiembre 2003

La fuerza de voluntad

Yo soy una de esas personas que sólo fuma cuando sale por ahí. Puedo fumarme medio paquete o más en una salida, y luego estar quince días sin catarlo.

Muchas veces, algún fumador me dice: "ya me gustaría a mí tener la fuerza de voluntad suficiente para poder hacer lo mismo que tú". Pues no, no es fuerza de voluntad. Es, sencillamente, que a mí el tabaco no me engancha. Mi primo Jesús dice que hay dos tipos de personas: los fumadores y los no fumadores. Y no necesariamente coinciden con los que fuman y los que no fuman. Los fumadores necesitan el tabaco y, una vez caen en él, les cuesta una barbaridad dejarlo, si es que alguna vez lo consiguen. En cambio, a los no fumadores no nos pasa eso.

Ahora estoy pasando una prueba mucho más dura. Ayer estuve en el híper con Raquel y a la muy malvada se le ocurrió comprarme un bote de dulce de leche. Lo tengo delante de mí. Me está llamando, con voz sensual, agitando sus formas provocativas. ¿Conseguiré irme a dormir sin haber acabado con él? El espíritu está dispuesto, pero noto que la carne es de un débil que para qué.

Está inmoralmente bueno.


24 septiembre 2003

Domingo dominguero

Normalmente, mis domingos consisten en levantarme a las tantas y vegetar mientras intento recuperarme de la semana y, sobre todo, del fin de semana. Pero a veces hago cosas más edificantes.

Hubo una temporada en que todos los domingos a mediodía me iba con Nu y su compañera de piso a comer por ahí de tapas, normalmente por el centro. A ver si a la vuelta de vacaciones volvemos a las buenas costumbres.

Este domingo pasado he hecho algo que puede parecer muy normal, pero no lo es para mí. Vinieron Rapunzell y Jofán a tomar café a casa. Invitación un tanto atrevida por mi parte, porque no tengo cafetera. Tuvieron que traer una eléctrica cuya clavija, finalmente, no entraba en los enchufes de mi casa, de manera que tuvimos que hacer café de puchero. Sumadas nuestras experiencias, entre los tres habíamos hecho café de puchero cero veces, así que el riesgo de intoxicación era evidente. Sin embargo, superamos la prueba con éxito. Ayudados, eso sí, por un bote de leche condensada que estuvo a punto de sucumbir a cucharadas.

Rapu es también, por si alguien no lo sabe, Pelafustana, de manera que la excusa para juntarnos había sido preparar sus canciones. No nos costó mucho, conque tuvimos tiempo de irnos al cine a ver Les triplettes de Belleville. Para asustaros, os diré que es un largometraje de dibujos animados con una estética bastante peculiar y casi mudo. Si no os he asustado, añadiré que es una película preciosa y nos encantó a los tres.

Para rematar el día, volvimos a mi casa y llamamos al Tele-Sushi para cenar. Rapu y Jofán no habían probado nunca la comida japonesa y tenían ganas; yo, por mi parte, necesitaba resarcirme del horrible japonés de Nueva York. Una vez más, éxito resonante para los tres. Mis dos amigos salieron diciendo que la próxima vez ya se tiran de cabeza al sashimi.

Ya veis, qué sencillo es pasar una buena tarde de domingo.

21 septiembre 2003

Palabras infantiles

Visitando la Bitácora de cuentacuentos de Rapunzell, he encontrado el enlace a Palabras infantiles. Que no está hecho por una madre, como dice Rapu, sino por un padre.

Me ha gustado muchísimo y supongo que, si os gustan los niños, a vosotros también. Recoge cosas que dicen sus tres hijas pequeñas, pero sin el baboseo con que otros padres hablan de sus hijitos. Encantador.


20 septiembre 2003

Los Pelafustanes, a la carga

Después de algún tiempo en que no lo tenía nada claro, los Pelafustanes están lanzados irremediablemente hacia su tercera descarga. Ya tenemos redondeadito nuestro repertorio y se van haciendo ensayos en grupos pequeños. Dentro de un mes nos juntaremos todos y espero que de ese primer ensayo general salga un concierto como dios manda.

Tiembla, mundo.


18 septiembre 2003

Murphy

Anteayer intenté hacerme un huevo frito para cenar. Tenía tres, y rompí los tres al cascarlos.

Hoy estoy haciendo un mejunje que acabo de inventar, para el cual tenía que batir un huevo. Ha salido precioso, con toda su yema redondita e íntegra.


17 septiembre 2003

Ya que estamos...

Por una vez, pongo un test que no he visto en la página de nadie.

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Tarzan!


What movie Do you Belong in?
brought to you by Quizilla



El patito de goma

Esta vez he encontrado el test de turno en la página de Beor:

¿Qué clase de pato eres?

Captain Quack Rubber Duck Quiz

La plasto-serie de Nueva York va desapareciendo del cuerpo principal del blog, pero sigue estando en los archivos por si hay alguien que quiera leerla entera. Y que tenga un día libre, porque es un rato larga. Para eso es una plasto-serie.


13 septiembre 2003

Las cinco del viernes

Este fin de semana tengo que trabajar, lo que no me hace la más mínima gracia. Pero supongo que es inevitable: el lunes tenemos que entregar un proyecto y está sin terminar.

El caso es que me apetecía escribir algo en el blog y me he acordado de que hace siglos que no contesto a
Las cinco del viernes, conque se me ha ocurrido hacerlo hoy. Allá va:

1) ¿Dónde estabas y que hacías el 11 de septiembre de 2001? ¿Cómo te enteraste del ataque a las torres gemelas?

Estaba en Alemania, por motivos de trabajo. Me enteré porque la novia de uno de mis compañeros le mandó un mensaje al móvil. Luego pasamos toda la tarde en el hotel pegados a la CNN.

2) ¿Dónde estabas y que hacías el 31 de agosto de 1997? ¿Cómo te enteraste de que Lady Di había muerto?

Creo recordar que en casa de mis padres. Me parece que pusimos la tele y estaban dando la noticia.

3) ¿Dónde estabas y que hacías el 22 de noviembre de 1963? ¿Cómo te enteraste de que habían asesinado a JFK?

En el limbo.

4) ¿Dónde estabas y que hacías el 13 de mayo de 1981? ¿Cómo te enteraste de que habían disparado al Papa?

Ni idea, la verdad.

5) ¿Dónde estabas y que hacías el 20 de julio de 1969? ¿Cómo te enteraste del primer paso del hombre en la luna?

En un apartamento en Peñíscola, con mis padres y mis tíos. Acababa de cumplir tres añitos, así que mi consciencia no era muy elevada. Recuerdo que alguno de mis familiares, no sé quién, me señaló la luna y me dijo: "Mira, por ahí van los astronautas". Es uno de mis recuerdos más tempranos.

Añadiré una pregunta más:

6) ¿Dónde estabas y qué hacías el 23 de febrero de 1981? ¿Cómo te enteraste del golpe de estado de Tejero?

Era época de exámenes en el colegio, así que fui a estudiar a casa de un amigo. Al entrar, su hermana estaba escuchando la radio y nos lo contó, pero no nos lo creímos. Pensábamos que nos estaba tomando el pelo.


10 septiembre 2003

30/8 Vuelta a casa

(Fin de la plasto-serie; prometo que las siguientes entradas serán más cortitas)

Todo tiene su final, y nuestras vacaciones no iban a ser la excepción. En realidad, iba a haber bastante movimiento en la casa: Raquel y yo nos volvíamos a España; Pilar, Georgina y Lola se iban a pasar el fin de semana en el campo, y unos amigos de Georgina (Cristina, Georg y Sebastian) venían a la casa. Cristina es colombiana y Georg, alemán. Sebastian es su hijo, creo que tiene un año. Están de obras en su casa y van a refugiarse unos días mientras les cambian el suelo. ¿He dicho ya que es muy difícil encontrar un día en que Pilar y Georgina no tengan gente invitada en casa?

Ya no íbamos a hacer visitas por la ciudad, de modo que nos levantamos un poco más tarde que otros días, a las nueve. Desayunamos y nos despedimos de nuestras anfitrionas, porque vinieron sus amigos a buscarlas. En fin, ya sabéis cómo funciona esto: besos, abrazos, buaaa, no te vayas... Sólo espero, cuando tenga invitados en mi casa, portarme con ellos tan bien como ellas.

Georgina me dijo dónde colgaban la llave de las visitas. No se puede abrir la puerta de la calle desde el portero automático, hay que bajar. Así que ellas tienen unas llaves colgadas de un clavito junto a la ventana y se las tiran al que viene. Eso tendríamos que hacer cuando llegaran sus amigos.

Amigos que no tardaron mucho. Aún estaban Pilar y Georgina en la calle cuando llegaron. Eran muy majos y Georg habla bastante bien el castellano, así que estuvimos charlando con ellos, sobre todo de las cosas de Raquel, porque él también es científico (físico).

Antes de marcharnos, Raquel quería comprar chai para su madre. El chai es una especie de té oriental que se ha puesto de moda y que suele prepararse con leche de soja. Pilar nos hizo un día y a Raquel le encantó. De manera que bajamos a una tienda que nos había dicho mi prima y en la que tenían muchas más cosas; entre otras, un juego de golf para practicar en casa. Desde que se jubiló, el golf se ha convertido en el pasatiempo favorito de mi padre (quién se lo iba a decir), así que se lo compré de regalo.

A las dos y cuarto vino a buscarnos el taxi. Nuestro avión salía casi a las seis, pero preferíamos ir con tiempo por si se ponían tontos con los controles de seguridad. Además, ya no teníamos nada que hacer.

El taxi no era uno de esos amarillos que van por Manhattan. Ni siquiera llevaba luces de taxi. Era un Lincoln Continental, uno de esos coches enormes que se ven por esta ciudad. No, no era una limusina, aunque no son mucho más caras. Una limusina es más barata que dos taxis y pueden caber hasta diez personas dentro, conque muchas veces sale a cuenta.

El conductor era hispano y llevaba puesta una emisora de radio en español, conque entendía nuestro idioma; sin embargo, no dijo una palabra en todo el trayecto. Llegamos a la terminal 3 y vi que, en lugar de dejarnos en la parte inferior, subía por una rampa al piso de arriba. Y a mí me había parecido ver que el piso superior era sólo para los de primera. En fin, él sabría más, seguro que había hecho muchas veces el recorrido. Le pagamos (se largó inmediatamente sin siquiera esperar la propina, tal vez era autista) y entramos en la terminal.

Yo tenía razón. Ahí sólo facturaban los de Business. Y no se podía bajar por ningún sitio. Conque pregunté a una chica de un mostrador y ésta, viendo que no había más gente esperando, nos facturó el equipaje allí mismo. Luego pasamos el control de seguridad, donde comprobé que Raquel tiene más cara de terrorista que yo, porque a ella le hicieron descalzarse y a mí no. Y bajamos hacia la puerta de embarque.

Por el camino pasamos junto a unas paredes de cristal por las que veíamos a los demás viajeros de clase Turista intentando facturar. Unas colas inmensas. No sé, quizás nuestro taxista era más listo de lo que parecía.

Bueno, ya sólo nos quedó recorrer las tiendas, lo que aproveché para comprarle una camiseta a mi hermano, y esperar tranquilamente a que saliera el avión. Adiós, Nueva York.

Durante el vuelo me fui leyendo los mega-tochos de la Patrulla X que le había cogido prestados a mi prima. En total, unos 100 números regulares, iba a tener entretenimiento para bastante tiempo. Y pudimos ver nuestra primera película desarrollada en Nueva York después de conocer la ciudad, así que reconocíamos todo. Nos pusieron "Abajo el amor", una comedia estilo Rock Hudson y Doris Day, pero hecha hoy día como si fuera entonces. Al principio sale el edificio de MetLife aún con el letrero de PanAm, supongo que para meter al espectador, en la época (fallo: el rascacielos de PanAm se construyó en 1963 y se supone que la peli se desarrolla en 1962). Por lo demás, es bastante entretenida.

Llegamos a Barcelona a la una y media de la mañana, hora de Nueva York. Pero, claro, eran las siete y media locales. Ya era de día, no había dormido y tenía que conducir hasta Madrid. Lo pasé fatal para no dormirme al volante.

09 septiembre 2003

29/8 Ultimo dia en Manhattan

(Séptimo y penúltimo capítulo de la plasto-serie)

Hoy viernes va a ser el último día que dediquemos a patear la ciudad. Nos dedicaremos al barrio residencial de Gramercy, el Flatiron District y el Lower Midtown.

De nuevo empezamos el recorrido por Union Square, aunque esta vez seguiremos hacia el norte. Nuestro día va a girar principalmente en torno a Park Avenue South y sus alrededores.

Lo primero que visitamos es Gramercy, un precioso barrio residencial en pleno centro de Manhattan. Después de conocer los precios del Dakota, no quiero ni pensar en lo que costará una de estas casas.

Gramercy cuenta con el único parque privado de Nueva York, Gramercy Park. Está vallado y sólo los residentes tienen la llave. En fin, si os ha tocado el premio gordo del sorteo de la ONCE y no sabéis qué hacer con el dinero, ésta es una posibilidad.

Desde aquí cruzamos hasta Broadway y subimos hasta Madison Square. Este tramo de Broadway, entre Union y Madison Square, se llama Ladies' Mile porque antiguamente concentraba todas las mejores tiendas de la ciudad, así que las señoras acomodadas venían aquí a hacer sus compras. Sigue teniendo unos edificios bastante notables.

Ladies' Mile termina en el cruce con la 5ª avenida. Pero aquí, en lugar de una plaza, el triángulo del cruce lo ocupa el Flatiron, el primer rascacielos construido en Nueva York, hace exactamente 100 años. Y, para muchos, sigue siendo el más bonito.

El Flatiron recibe su nombre de la forma de su planta, que recuerda una plancha. Al otro lado del cruce está Madison Square, de manera que hay bastante espacio abierto frente al edificio y la vista al mismo es excelente.

Madison Square, como es habitual, está ocupada por un parque; en mi opinión, uno de los más bonitos del Manhattan, con muchas estatuas del siglo XIX. Además, está rodeada de bonitos edificios, como el ya mencionado Flatiron, que da nombre al distrito, o los de las aseguradoras Metropolitan Life (o MetLife) y New York Life. Por desgracia, y para variar, todos estos edificios se encuentran cerrados al público desde el 9/11.

Lo que ya no está aquí es el Madison Square Garden, que se trasladó hace muchos años al lugar donde lo vimos hace unos días.

Después de pasar un rato en el parque, disfrutando de las vistas, seguimos subiendo por Park Avenue South hacia el Lower Manhattan. En concreto, íbamos hacia la calle 42, donde la Grand Central Terminal Station marca el final de la avenida.

De camino, paramos en la tienda de regalos del Kitano. El Kitano es un hotel japonés cuya tienda de regalos tiene escaparates a la calle, y nos llamaron la atención las cosas que exponía, a precio razonable. Acabé comprando un reloj de goma-espuma para mi madre, supongo que lo pondrá en algún sitio de la casa de la playa.

Luego ya no paramos hasta la maravillosa estación Grand Central Terminal. A diferencia de la decepcionante Pennsylvania Station, Grand Central es fabulosa. El único defecto que tiene es el horrible edificio de MetLife que hay tras ella. Nada que ver con el que tienen en Madison Square. Este fue construido por la PanAm hace cuarenta años y hace veinte, cuando la aerolínea cerró, se lo vendieron a MetLife. Es de tipo mastodonte de cristal con forma de caja de zapatos.

Bueno, olvidémonos de ese avechucho y volvamos a la Grand Central. El edificio está en la calle 42 y atraviesa Park Av. South, marcando su final. Por detrás empieza Park Avenue, sin el South. Es un edificio beaux arts, un estilo muy habitual en el Nueva York de hace cien años.

El interior es incluso más espectacular que el exterior. Una cosa muy llamativa es que, además de las habituales tiendas de estación, hay un mercado. Sí, el típico mercado con puestos de comestibles. Bueno, no tan típico: seguramente, el mercado más bonito que he visto en mi vida. Y el género que se vendía no se quedaba atrás. Pese a no ser aún los doce de la mañana, nos estaba entrando un hambre que no veas.

Para rematarlo, bajamos al sótano del edificio, que está lleno de restaurantes y puestos de comida. Eso estaba acabando con nosotros. Teníamos dos opciones: comer o marcharnos a escape. Elegimos la segunda.

Nos fuimos por la calle 42 hacia el este, en dirección a la sede de la ONU. Por el camino, pasamos junto al edificio Chrysler. No pudimos entrar en él, como tampoco habíamos podido entrar un rato antes en la biblioteca J. Pierpoint Morgan, aunque en este caso había sido por obras. De todos modos, lo principal del Chrysler Building es el exterior. Un edificio que, pese a su nombre, nunca llegó a ser la sede de la Chrysler.

Las Naciones Unidas están en una zona bastante fea llamada Tudor City. Era una zona industrial, de la que aún queda una central eléctrica y los horrendos edificios de viviendas construidos para los obreros, estilo Tudor (de ahí el nombre del barrio). El día del apagón, la central eléctrica empezó a echar humo, lo que sirvió para disparar la paranoia de atentado. Sin embargo, es normal que ese tipo de centrales eche humo cuando se apagan.

El propio edificio principal de la ONU es bastante feo, una caja de cerillas verde de casi 30 pisos. Me recordaba al edificio de Ibercaja en Zaragoza, pero aún más feo. En cambio, los alrededores no están mal.

Hay visitas guiadas al interior y valen la pena. Las hacen en un montón de idiomas, pero normalmente hay que pedirlo antes si quieres uno que no sea el inglés, así que no pudimos pedir visita en español (aunque podíamos haber cogido japonés). De todos modos, nos tocó una brasileña llamada Daniela que hablaba un inglés excelente, mucho mejor que la mayoría de los neoyorquinos. Vimos la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y demás, además de aprender algunas cosillas sobre el funcionamiento de la organización. A la salida, Raquel me dijo que habíamos visto el lugar donde se reunía "la mayor colección de hipócritas del mundo". Sin embargo, yo creo que la diplomacia ha hecho muchísimo para evitar que nos hayamos cargado el planeta. De acuerdo, el potencial destructivo es ahora mayor que nunca; pero nunca se había usado tan poco. Por supuesto, las naciones no buscan de manera altruista el bien del mundo, pero se han dado cuenta de que, con la paz, ganamos todos.

Después de la visita, como ya habían dado las tres, volvimos hacia Grand Central para comer, no sin antes parar en una tienda a comprar un chaleco para la madre de Raquel. Acabamos comiendo en un americano del sótano de la estación, bastante bien para el precio.

Ya estábamos cansados después de tantos días pateando, conque decidimos volver a casa. De todos modos, en lugar de coger el metro, Raquel me convenció para bajar Park Avenue South andando hasta Union Square. Así nos despedimos de los rascacielos.

Claro que habíamos vuelto a quedar con Pilar, a ver si por fin Raquel podía comerse su langosta. Tenía que llegar a casa sobre las seis, pero pasaba el tiempo y no venía. Y esta vez, no podía haber confusión de lugar: que sepamos, sólo tiene una casa. Al final, decidimos irnos a sacar a Lola de paseo, para estar listos cuando ella llegara.

Y sí, nosotros estábamos listos, pero la pobre Pilar no. Al volver a casa, nos la encontramos con la mano vendada. Se había cortado con un cuchillo y había tenido que ir al hospital a que la remendaran. Nos había estado llamando por teléfono, pero nunca lo cogemos porque es preferible que dejen los recados en el contestador, en lugar de intentar entender algunos acentos bastante curiosos que se oyen en la ciudad. Una vez lo cogí por si era ella, y era una encuesta.

En fin, pedimos comida india por teléfono (a los repartidores también hay que darles propina, como si fueran camareros, porque viven de eso) y nos la zampamos en la terraza.

Cuando íbamos a acostarnos, vimos unas manchas rojas por el suelo. Pensábamos que podía ser comida que se le había caído a alguien, pero no. Al final nos dimos cuenta de que la pobre Lola había estado vomitando. Pobre bicho, por eso estaba tan rara. Bueno, Pilar cree que es cosa de los cambios de tiempo y se le pasará pronto.

Aparte de cenar langosta, nuestro plan para esta noche era ir a Smalls, el club de jazz favorito de mi prima; pero, por tercera vez en la semana, hubo que suspenderlo, esta vez de forma definitiva. Habrá que volver a Nueva York aunque sólo sea para eso.