(Tercer capítulo de la plasto-serie; ver los capítulos anteriores más abajo)
No he pasado una noche demasiado buena pero, aunque sólo fuera a ratos, he dormido. Así que a las seis de la mañana tenía los ojos como platos. Como mis esfuerzos por volver a dormirme resultaban vanos, en parte gracias a un helicóptero que se había estacionado sobre nuestra casa y hacía un ruido tremendo, a las seis y media ya estaba debajo de la ducha. De vacaciones y levantado antes que Raquel; debió de salir en el telediario.
Nuestro plan para hoy era comenzar por el Upper West Side (donde el Dakota) e ir bajando hasta donde llegáramos. Sin embargo, antes necesitábamos comprar pilas para la cámara de Raquel. El día anterior habíamos comprobado que las pilas alcalinas dan para sacar dos o tres fotos con una cámara digital, no más, así que le pedimos a mi prima que nos dijera dónde había una tienda de fotografía pra comprar baterías de litio.
Nos mandó a una de la calle 34. Como casi todo en esta ciudad, era enorme. Me recordaba mucho al Ikea, aunque aquí te entregaban ellos mismos lo comprado después de pagar en las cajas de la salida.
Claro que, al salir de la tienda, no nos resultó demasiado difícil ver el edificio más famoso de la calle 34, de todo Nueva York y, me atrevería a decir, del mundo entero: el Empire State Building. Conque decidimos cambiar nuestros planes e ir hacia allí.
Por si os habéis preguntado por qué se llama así el edificio, cada estado tiene un lema oficial, es el "estado de" lo que sea. Y Nueva York es el "estado del imperio", es decir, "The Empire State", tal como reza en las matrículas de sus coches.
Hablando de coches: los párkings de Nueva York son descomunalmente caros. Se ven anuncios enormes por la calle que anuncian aparcamiento por casi cinco dólares... ¡por un cuarto de hora! O media hora por seis y medio. Eso sí, lo caro es la primera hora, luego baja mucho. Es normal que la primera hora cueste más que las once siguientes juntas. O las "tarifas planas": aparca antes de las diez de la mañana y llévate el coche antes de las diez de la noche por $20.
Volvamos al Empire State Building. Todo el mundo nos había dicho que, por muy típico de turistas que pareciera, valía la pena subir al mirador. Y tenían razón, yo también lo recomiendo. $11 (por cabeza) bien gastados. En cambio, las audioguías no valen gran cosa.
La visita, desde leugo, está montada para turistas. Hay que hacer bastante cola y, mientras esperas, te machacan con publicidad de las audio-guías y de una atracción llamada "Skyride" que tienen en el propio edificio y en una especie de paseo virtual por Manhattan en un cine de esos que se mueven. Y digo yo: si estamos en la ciudad de verdad, ¿para qué queremos la virtual? También nos hicieron una foto horrible, con una foto de la ciudad de fondo, por la que pretendían cobrarnos $16.25. Sí, hombre, sí.
Tras la caída de las Torres Gemelas, el Empire State ha vuelto a ser el edificio más alto de la ciudad, con sus 381 metros de altura (443 con la antena). Tiene 102 pisos, pero los superiores corresponden a la torre de amarre de zepelines que, como podéis suponer, no se usa mucho en la actualidad. El célebre mirador está en el piso 86. Por lo que nos había dicho Pilar, la vista nocturna es impresionante. Sin embargo, era por la mañana, así que nosotros disfrutamos de la no menos espectacular vista en un día radiante, sin asomo de la tan frecuente bruma. Con una buena guía, ves todo Nueva York (la audio-guía ofrece pocos comentarios interesantes y muchas chorradas).
Para completar la visita turística, nos compramos dos tazas con el famoso simbolito de I@NY (bueno, no es una @, sino un corazoncito, pero no sale aquí el corazón).
Ya que estábamos por ahí, fuimos a ver Pennsylvania Station y el Madison Square Garden, que están en el mismo edificio, pero nos marchamos en seguida porque es bastante feo. Según supimos más tarde, el edificio era antes muy chulo, pero lo derribaron y pusieron una cagada en su lugar.
Después nos metimos a echar un vistazo a Macy's, los mayores grandes almacenes del mundo, situados en la cercana Herald Square (cruce de Broadway con la 6ª avenida), pero duramos poco porque no había más que ropa. Y hay sitios mejores para eso.
De modo que decidimos dejar la zona de Herald Square y subir hasta Times Square (Broadway con la 7ª), el corazón del Theater District, la zona de los famosos teatros de Broadway.
Lo que generalmente conocemos por "Broadway" es sólo una pequeña parte de esta larguísima calle que atraviesa Manhattan desde su extremo sur hasta la punta norte. Pero no va paralela a las avenidas, sino que las corta en algunos puntos, formando plazas triangulares como las mencionadas Herald y Times. Las dos tienen nombres de periódicos, por cierto (el New York Herald y el New York Times). Esta última tiene una curiosa ordenanza: los carteles de las tiendas y empresas que hay en ella deben ser de neón.
Conque, después de comer en un autoservicio italiano (en los autoservicios no se da propina, por cierto), subimos a rematar la tarde paseando por los teatros y el cercano Rockefeller Center. Entramos al B. B. King Blues Club y vimos que el jueves toca Johnny Winter, pero me temo que me quedaré sin verle.
Aproveché nuestra estancia en la zona para arrastrar a Raquel hasta Charles Colin Publishers, una casa especializada en partituras de jazz, donde quería comprar algunos arreglos para mi Banda. Yo creía que tendrían una tienda normal, pero es más bien un almacén. Me dejaron un catálogo, elegí lo que quería y me lo encargaron para pasar a recogerlo más adelante esta misma semana.
Tenía la dirección de Charles Colin, pero nuestro trayecto hasta allí fue algo accidentado porque me confundí con el sistema de numeración de Manhattan Es bastante útil y lógico, pero yo pagué la novatada.
En Manhattan, las avenidas numeran sus casas de sur a norte, pero en tramos de veinte números cada dos calles. Así, con sólo saber un numerito clave para cada avenida concreta, puedes determinar la situación de cualquier número. Por ejemplo: para la 3ª avenida, el número es el 10. Por tanto, el nº 826 estará junto a la calle 51 (826/20 + 10). Y las calles son aún más fáciles. Se numeran en bloques de 100 números, comenzando desde la 5ª avenida. Cada calle se divide en dos tramos, este y oeste, según su situación respecto de la 5ª avenida. Charles Colin está en el 315W (oeste) de la calle 53; por tanto, entre la 8ª y 9ª avenida. Nosotros estábamos entre la 6ª y la 7ª pero, en vez de ir hacia el oeste, fuimos hacia el este. Nos costó un buen rato darnos cuenta del error.
Así explicado, el sistema puede parecer lioso, pero es muy simple cuando uno se acostumbra.
Después de la caminata del día, equivocaciones incluídas, yo volvía a estar hecho mixtos porque mi catarro seguía fuerte y poderoso. Así que terminamos nuestro recorrido en Bryant Park, un pequeño parque en una plaza por la calle 42. Un poco más allá veíamos el Chrysler Building, un elegante rascacielos que fue el edificio más alto del mundo por unos meses, hasta que lo superó el Empire State Building (sigue siendo el segundo edificio más alto de la ciudad), y toda la zona del Lower Midtown, pero tendría que quedar para otro día.
De vuelta a casa, como mi prima no estaba, tuvimos que sacar a Lola a pasear. Nuestro estado físico era lamentable, pero el pobre animal llevaba todo el día encerrado y Pilar no volvería hasta las ocho y media, previsiblemente también cansada. Conque allá fuimos, con nuestra nula experiencia en el asunto. Era la primera vez que sacaba a pasear un perro sin su amo. Conque también fue la primera vez que recogí del suelo una caca de perro.
El paseo, sin embargo, estaba resultando sorprendentemente agradable, tal vez por la relativa tranquilidad del barrio y lo despacito que íbamos. Estábamos Raquel y yo discutiendo si íbamos a tomar algo al Iona cuando, de repente, Lola echó a correr. Por suerte, la llevaba atada, pero me hizo correr a mí también para seguirla. Me preguntaba qué o a quién había olido, tal vez a mi prima que volvía antes de lo previsto.
Pero no. Se metió como una flecha en el Iona, siguió hasta el patio trasero y allí se paró, como si nada. ¡Buena perra! Yo era el que quería ir a echar una birra y Raquel no, pero tuvo que aceptar los hechos consumados.
06 septiembre 2003
25/8 Autenticos turistas
04 septiembre 2003
Un peligro para Bush
Esta vez, el test de turno lo he cogido de la página del señor Dry [actualización: quito el enlace porque su blog ya no existe].
Lo siento, Dani, te he ganado.
Threat rating: Medium. Your total lack of decent
family values makes you dangerous, but we can
count on some right wing nutter blowing you up
if you become too high profile.
What threat to the Bush administration are you?
brought to you by Quizilla
03 septiembre 2003
24/8 Esdoy agadarrado
(Continúa la plasto-serie, ver más abajo el capítulo anterior)
El domingo, en efecto, a las siete de la mañanan estábamos en pie. Pilar no podía venir con nosotros porque tenía que preparar un trabajo para el día siguiente (estudia cocina), pero Raquel y yo ya teníamos planificado el día. Iríamos a Harlem, que está en el norte de Manhattan.
El mejor día para ver Harlem es, precisamente, el domingo por la mañana. Los vecinos (sólo había dos tipos de gente: negros y turistas) se visten como si fueran a una boda y pasan la mañana en la iglesia de su comunidad baptista.
Yo me levanté estornudando y moquiteando; podía ser una simple alergia mañanera, pero sospechaba que había cogido un catarro considerable. Por desgracia, tenía razón. De modo que pasé el día con el pañuelo en la nariz. Y descubrí que los pañuelos de papel yanquis son malísimos. Además, no los venden en paquetes de 10, sólo en cajas. Menos mal que llevábamos un bolso grande y podía llevar esas cosas.
Pilar nos había recomendado la Abyssinian Baptist Church porque, según le habían dicho, era el mejor sitio para escuchar gospel. Conque, después de dar una vuelta por Harlem, aterrizamos allí poco antes de las once. Manhattan puede ser el lugar más fácil del mundo para orientarse: es una isla alargada de norte a sur, surcada por una cuadrícula de calles numeradas. Las avenidas van de norte a sur, numeradas de este a oeste (hay algunas adicionales, más cortas, sin numerar, con nombre propio) y las calles transversales se numeran de sur a norte. Pero, en algunos tramos, las calles y avenidas numeeradas tienen también un nombre propio. Así, la Abyssinian está en la calle 138, esquina con Adam Clayton Powell Jr. Boulevard (en realidad, la 7ª avenida). Los nombres en Harlem corresponden a líderes negros. La 8ª avenida es Malcolm X Avenue y la calle 125, Martin Luther King Jr. Boulevard.
Debía de ser verdad que el espectáculo de la Abyssinian merece la pena, porque había una cola tremenda (sólo para los turistas, los negros de la congregación entraban directamente). Cerraron las puertas mucho antes de que nos tocara entrar, pero nos dirigieron a otra iglesia pequeña cercana. Allí fuimos y vimos que, por esta vez, las películas no mienten. El pastor predicaba de forma histriónica, entre los gritos y aplausos de sus fieles (los turistas estábamos en el piso superior y no nos canteábamos). De vez en cuando, cantaban acompañados por un tipo al Hammond y un chavalín de unos diez años que le atizaba a la batería.
Después de un buen rato, el predicador anunció que el servicio iba a durar una hora más e iban a cerrar las puertas; por tanto, quien quisiera irse debía hacerlo en ese momento. Como el acento de esa gente es casi ininteligible y no nos enterábamos de casi nada, decidimos largarnos.
Aún era pronto para comer (poco más de las doce), así que nos fuimos a ver otra zona del barrio. Vimos el distrito de St. Nicholas, antiguo barrio de lujo. En efecto, Harlem empezó siendo un barrio residencial para blancos, hace más de un siglo. También nos dimos una vuelta por el cercano parque de St. Nicholas, al pie del espectacular City College de la Universidad de Nueva York.
Hacia la una y cuarto fuimos hacia Sylvia's, el restaurante más famoso de Harlem, para el brunch. El brunch es una tradición muy neoyorquina que ahora se está poniendo de moda entre el pijerío español. Consiste en el equivalente a nuestra merienda-cena, pero entre el desayuno y el almuerzo (brunch = breakfast + lunch). Por tanto, unes cosas típicas del desayuno (bollos, huevos y demás) con otras de la comida (pollo, carne, pescado...). Yo pedí huevos fritos con albóndigas de salmón y patatas fritas; si hubiera pedido los huevos revueltos y poco hechos, habría sido perfecto. En cambio, Raquel metió un poco la pata y pidió tortitas y pollo. El pollo le duró un momento, pero la mitad de las tortitas se quedaron.
Sylvia's es un sitio en el que suele haber bastante cola, pero nosotros tuvimos suerte y, pese a llegar en la hora punta, entramos en seguida. Los domingos tienen cantantes entre el público, lo que le da un ambiente peculiar. El público reflejaba lo visto en el resto del barrio: negros ataviados con sus mejores galas y turistas.
Después del brunch bajamos hacia Morningside Heights, al sudoeste de Harlem. De camino, vimos la tumba de Grant (una copia de la de Napoleón en los Invalides de París, con bancos en el exterior que resultan la versión hortera del Parque Güell de Barcelona) y la impresionante iglesia de Riverside.
En Morningside Heights está el bonito campus de la Universidad de Columbia. Como era principio de curso, había una especie de fiesta de bienvenida para los alumnos de primer año. Había un escenario y un montón de filas de sillas dispuestos, pero nosotros nos limitamos a recorrer el campus y nos marchamos hacia la inmensa catedral de St. John the Divine.
St. John the Divine está inacabada y, además, hace año y medio un incendio destruyó parte del edificio. Cuando se termine será la mayor catedral del mundo, lo que no es de extrañar en una ciudad en la que todo es mastodóntico.
Dentro de la iglesia me llamó la atención que no intentaban hacernos pedir perdón por entrar a molestar, como es tan habitual en la iglesias europeas. Esto se repitió en todas las que visitamos; sólo prohibían usar flash durante los servicios; pero, aparte de eso, podías visitar los recintos a tu antojo. Tal vez sea porque todo es relativamente moderno y no hay cosas antiguas que conservar. De todos modos, el valor arquitectónico de la catedral no es muy grande. Lo que más nos llamó la atención fueron las vidrieras, inspiradas en las de Chartres, pero con temática moderna.
Para acabar la tarde, bajamos hacia Central Park, que casi limita al norte con St. John the Divine. Mi catarro iba a peor, así que me estaba cansando bastante. De modo que, en vez de bajar paseando por el parque, cogimos el metro hasta la calle 72 (Central Park acaba en la 110).
La parada de la línea roja en la calle 72 sale al pie del famoso edificio Dakota. En Nueva York hay muchas estaciones con el mismo nombre, y muchas también que tienen dos. Esto se debe a que las líneas de Manhattan siguen la estructura superficial de la ciudad. Así, la línea de metro que pasa por casa de Pilar es la L, que tiene su última parada de Brooklyn en Bedford Av (a unos 200 metros de su casa) y luego entra en Manhattan, atravesándola bajo la calle 14. Por tanto, sus estaciones de Manhattan tienen el nombre de la avenida a la que salen. Pero esas mismas estaciones, en las líneas que atraviesan de norte a sur, tienen el nombre de la calle (en este caso, la 14). Así, para volver a casa, sólo tenemos que coger el metro más cercano, bajar en la estación de la calle 14 y coger allí la L hacia Brooklyn. Además, hay dos tipos de líneas: locales y exprés. Las líneas locales paran en todas las paradas, mientras que las exprés comparten el mismo recorrido, pero sólo se detienen en las paradas principales.
Como decía, salimos al pie del edificio Dakota. Es uno de los edificios de viviendas más caros de Nueva York y, por tanto, del mundo. Un apartamento de tres dormitorios puede valer diez millones de dólares. Se hizo famoso en todo el mundo a finales de 1980, cuando mataron a John Lennon frente a él. Yoko Ono sigue viviendo allí.
A causa de este hecho, la parte de Central Park situada frente al Dakota se remodeló, creando una zona en forma de lágrima llamada Strawberry Fields. Y por allí entramos al parque. A la entrada hay un mosaico circular en el suelo con la palabra "Imagine" en el centro. En ese momento había unos cuantos músicos a su alrededor tocando canciones de los Beatles. Daba la impresión de que era gente que se había juntado por azar, debe de ser habitual que vaya allí gente a cantar canciones de John Lennon.
Seguimos cruzando el parque hasta la fuente de Bethesda, situada junto a un estanque. Hay otro muy grande en el centro del parque, el Reservoir, pero éste estanque es uno más pequeño. Vimos a un chaval que estaba haciendo un número de escapismo y luego seguimos nuestro camino por el Ramble hasta otro laguito situado en el extremo este del parque. Había un montón de gente manejando pequeños veleros por control remoto, con pinta de ser alquilados, pero no vimos de dónde los sacaban. En las orillas había dos estatuas grandotas de bronce: una de Hans Christian Andersen y la otra de Alicia en el País de las Maravillas. Llenas de niños que se subían a ellas.
Estuvimos un buen rato descansando para ver si me descongestionaba un poco, pero cada vez iba a peor, conque nos fuimos hacia casa. Raquel pensó que lo mejor era que me acostase nada más llegar, a ver si con un buen sueño se me pasaba, lo que me pareció una excelente idea. De forma que estaba en la camita poco después de las siete. Vinieron unos amigos de Pilar a cenar pero, cuando Raquel entró a avisarme, ya estaba dormido, así que no me molestaron. Día y medio en Nueva York y aún no la había visto de noche.
23/8 El día más largo
(Inicio de la plasto-serie sobre mi viaje a Nueva York)
Salimos de Barcelona a las 10,40h. Eso significa que teníamos que estar en el aeropuerto antes de las nueve, para evitar problemas. Por tanto, despertador a las siete de la madrugada.
Ya se sabe que estos trastos tienen vida propia, de manera que decidió sonar a las siete menos cuarto. Raquel, como es su costumbre, se levantó de inmediato, revitalizada sin duda por la cara de sueño que yo tenía. Seguro que llevaba despierta desde tres horas antes.
El que, misteriosamente, aún no había amanecido, era mi padre. Al parecer, confiaba en que nos levantáramos por nuestra cuenta y le hiciéramos mover una vez estuviéramos listos para llevarnos al aeropuerto. Y así fue.
Salimos de casa antes de lo previsto y llegamos al aeropuerto sobre las ocho y media. Primer problema: ¿cuál de las tres terminales era la nuestra? Está claro que Murphy no se levanta tan temprano en sábado, porque en seguida vimos un cartel ante la puerta de la primera terminal, con los anagramas de todas las aerolíneas que operaban desde ella. Y una de las poquísimas cuyo nombre estaba escrito en letras suficientemente grandes como para que yo pudiera leerlas desde el coche era Delta, la nuestra. Abajo.
Raquel y yo fuimos directamente a facturar, mientras mi padre intentaba aparcar. Aquí hizo Murphy un débil intento y consiguió que nos sacaran de la cola para hacernos abrir todo el equipaje. Lo cierto es que fueron bastante amables y, al menos, pasamos un rato entretenido.
Después de todo el proceso, facturamos y fuimos hacia la cafetería donde habíamos quedado con mi padre. Perfecta sincronía: en ese preciso instante volvía de aparcar. Desayunamos los tres juntos y luego cada cual se fue a lo suyo.
Raquel y yo paramos en el duty-free a comprar drogas varias para Pilar (Ducados y vino), y de allí seguimos hasta el avión.
Durante el vuelo nos tocó un azafato que hablaba español, así que estuvimos muy bien atendidos. Raquel sólo se quejó un poco porque no se llevó un vaso usado (supongo que se olvidó). A cambio, parece que le gustó que, al hacer la reserva, le pidiera menú sin lácteos.
Otro detalle interesante fue que teníamos las películas en inglés y en español, a elegir. Español de España, por cierto. Nos tocaron "Se montó la gorda", con Steve Martin y Queen Latifah (entretenida, la están dando ahora en los cines españoles) y una gilipollez con un presunto cómico llamado Chris Rock que en España nunca ha tenido el más mínimo éxito pero, misteriosamente, en Estados Unidos sí. Aparte de eso, terminé de leer "Harry Potter and the Order of the Phoenix" y Raquel durmió un poquito.
Llegamos a Nueva York con adelanto sobre el horario previsto, por lo que tuvimos que esperar un rato a que llegaran los de Inmigración para pasar el control de pasaportes. Por cierto: Delta llega a JFK, terminal 3, por si vuelvo. Después, a recoger el equipaje, momento que la siempre optimista Raquel aprovechó para buscar al encargado, por si tenía que hacer una reclamación si su maleta se perdía. Pues no: apareció.
Después de pasar la aduana, nos dirigimos a la parada de taxis, donde en seguida cogimos uno que, fiel al tópico, iba conducido por un indio con un acento que tiraba para atrás. Lo malo es que llevaba el aire acondicionado a todo trapo y me daba en los morros, lo que me costó un resfriado bastante importante durante los días siguientes. Y bastante mosqueo durante el trayecto porque el tío iba todo el rato hablando solo. Al final descubrimos que estaba usando un móvil de manos libres.
Aparecimos en casa de mi prima Pilar sobre las dos y media, hora de Nueva York. Las ocho y media hora española, pero nuestro día iba a durar 30 horas en vez de 24. Por primera vez en mi vida estaba experimentando el jet-lag. Pilar vive en Williamsburg, un barrio de Brooklñyn situado junto al East River, al este de Manhattan. Brooklyn, al igual que Queens (donde está el JFK), está en Long Island. Todos los distritos de NY están situados sobre islas, salvo el Bronx, al norte de Manhattan. Aunque se considera que Manhattan es el centro de Nueva York, y desde luego es con gran diferencia la zona más interesante, está en el extremo occidental de la ciudad. Al oeste de la isla está el Río Hudson, que separa la ciudad del estado de Nueva Jersey. Al sur, el mar y la pequeña isla de Staten Island, el quinto distrito de la ciudad.
Desde la terraza del piso de Pilar hay una vista fabulosa del skyline de Manhattan. Sin embargo, su barrio es totalmente distinto: casa bajitas, la gente se conoce, muchos jóvenes... mucha basura también. Ella está encantada y, la verdad, no me extraña. Además, el alquiler es, según dice, "un chollo". Eso significa que sólo cuesta el doble de algo parecido en Madrid.
Pilar tiene una perra llamada Lola. Si todos los perros fueran como ella, tal vez dejaría de ser un defensor tan acérrimo de los gatos. Es un bichejo encantador. Auténtico canis vulgaris, aunque pequeñito (pese a que ya es adulta), le cuesta unos diez segundos hacerse amiga de cualquiera, pero no es nada plasta. Pilar la tiene muy bien enseñada, de modo que no ladra y puede ir suelta por la calle sin meterse en líos.
Como habíamos comido bastante en el avión, no teníamos hambre, así que Pilar y Lola nos llevaron a ver el barrio. Es como los de las pelis, pero sin pandilleros. En realidad, en Nueva York hay menos crimen de lo que parece, entre otras cosas porque hay mucha policía. Los ves por todas partes, a su bola, aparentemente ociosos, pero es cierto que dan sensación de seguridad. Además, no se meten con la gente. Teóricamente, Lola debería ir siempre atada por la calle, bajo multa de $50; pero los polis del barrio ya la conocen y no dicen nada si va suelta. Incluso le hacen carantoñas.
Esa es una de las cosas que en seguida me llamaron la atención: todo el mundo hace monadas a los perros por la calle. Una de las razones puede ser que casi no hay caca de perro por las calles. Sin embargo, he observado que cagan tanto como en cualquier otro sitio. Qué cosas, ¿verdad? ¿Cuál será el misterio?
De todos modos, hay muchos sitios donde no dejan entrar a los perros. Uno de los que sí es el 'Iona', un pub irlandés. Así que allá fuimos los cuatro, a tomar unas cervezas en el patio trasero. Lola no, claro; ella sólo correteaba y jugaba con todo el mundo. Además, también dejan fumar, y Raquel y Pilar tenían el mono.
En el 'Iona' aprendimos cómo funcionan las propinas en EEUU. Es típico de los españoles quejarse por tener que dar propina; sin embargo, así es como funcionan las cosas. Es como el IVA: se paga y punto. En un pub, sueles dar de propina un dólar por cada bebida que pides. Si sois varios, das un poco menos. Así, nosotros pedíamos las cervezas de tres en tres y dejábamos un par de dólares cada vez. A un taxista le das las vueltas; por ejemplo, al que nos trajo del aeropuerto ($28.50), lo correcto era dejarle hasta $30. Como nosotros no llevábamos suelto y no queríamos quedarnos cortos, le dejamos $5 más, lo que hace una buena propina, pero no inusual. En un restaurante, si no marcan ellos mismos la propina (cosa habitual), es corriente dejar el 17,20% en Nueva York. Este numerajo sale de doblar las tasas (equivalentes al IVA, y que en Nueva York son inusualmente altas, el 8,6%). Así, si en la factura vienen $4 de tasas, dejas $8 más de propina. Muchos camareros no tienen sueldo y viven tan sólo de las propinas, conque es importante dejarlas.
Acabamos cenando (sin Lola) en una terraza de un restaurante americano del barrio. Ya que acabábamos de llegar, comimos hamburguesas, bastante buenas. Pilar se empeñó en invitarnos y vimos cómo se pagan las propinas con tarjeta: dejan un espacio en el recibo de la misma para que escribas la cantidad que quieras, y luego lo vuelven a pasar a mano. Curioso.
Como llevábamos muchas horas levantados, Raquel y yo nos fuimos a dormir nada más volver a casa, aunque sólo eran las nueve de la noche. Parecía que no tendríamos problema para madrugar al día siguiente.
01 septiembre 2003
Piratas del Caribe
Estas vacaciones he visto "Piratas del Caribe" y se la recomiendo vivamente a todos los amantes del cine de aventuras.
Acabo de echar un ojo al blog de Rapun, gran aficionada al Quizilla y similares, y he visto que había contestado a un test para determinar qué personaje de la película era. Lo he hecho yo también y... vaya, Rapun, no se lo digas a Jofan.
Which Pirates of the Caribbean character are you?
De vuelta en Madrid
Todo lo bueno se acaba, y las vacaciones no son una excepción.
Durante mi viaje a Nueva York he estado escribiendo un diario y lo iré transcribiendo aquí durante los próximos días. Os advierto de que es un tocho, porque me sentía inspirado. Siete u ocho hojas de cuaderno cada día. Como podéis suponer, la ciudad me ha encantado y ya estoy esperando la oportunidad de volver.
13 agosto 2003
Mabro
Mañana jueves me voy de vacaciones y no vuelvo en todo el mes. Viva.
Acá viene el tópico: agosto es el mejor mes para estar en Madrid, porque la ciudad está medio vacía y tienes todo para ti solo. Y tan solo. Vas a quedar con alguien y no está. Intentas ir a cualquier sitio y está cerrado. Por no decir que, en realidad, el único sitio al que quieres ir es la nevera, porque hace un calor asesino. Para eso, te vas a cualquier pueblo abandonado. También lo tienes para ti solo y tampoco hay nada. Con un poco de suerte, estarás un poquito más fresco.
Durante la última semana de agosto estaré en Nueva York, en casa de mi prima. Ya os contaré a la vuelta. Mientras tanto, no os derritáis.
06 agosto 2003
Raquel
Como está de vacaciones desde el viernes, Raquel ha estado pasando unos días más de lo habitual conmigo. Otras veces sólo estamos juntos el fin de semana (y no siempre), pero esta vez se ha quedado hasta esta mañana.
El caso es que tenía que hacer cosas por Pamplona y se ha marchado, y yo...
Snif...
¿Me estaré haciendo viejo?
31 julio 2003
Paco, a Sitges
Esta mañana he visto a mi ex-compañero, Paco. El chico estaba encantado porque han cogido su corto para el festival de cine fantástico de Sitges. Lo malo es que tendrá que ir fuera de concurso, porque es demasiado largo, pero aún así es una oportunidad excelente.
El chico ha venido por la empresa a recoger unos papeles que necesitaba para el paro. En cuanto ha corrido la voz de que andaba por aquí, hemos ido todos en tropel a verle. Ya os dije que Paco es un tipo adorable y todos le echamos de menos.
Ojalá le vaya todo bien.
29 julio 2003
Cinco del Viernes
Volvemos con "Las Cinco del Viernes":
1) ¿Tienes muchos amigos?
Afortunadamente, sí. A veces mi novia hace bromas con que, si se nos ocurriera casarnos, sólo con mis amigos salen casi doscientos. Creo que sería un buen negocio.
2) ¿Mantienes aún amigos de tu infancia? ¿O los perdiste?
Conozco a algunos de mis mejores amigos desde que teníamos seis años. Pero también tengo otros a los que he conocido hace mucho menos.
3) ¿Consideras a alguien como "tu mejor amigo"? ¿Tienes varios que entren en esta categoría?
Alguna vez lo he pensado, pero me parece demasiado artificial. Me refiero a mi caso: para otras personas no lo es, desde luego. En cualquier caso, sí hay un grupito bastante reducido a quienes considero "mis mejores amigos".
4) ¿Eres capaz de pelearte y volver a reconciliarte con tus amigos? ¿O es "una y no más"?
Cada vez me peleo menos. He llegado a una edad en la que me doy cuenta de que no se puede tener una pelea grave con quien ha sido un amigo durante mucho tiempo. Seguro que el motivo es una chorrada; si no, no habríais estado tantos años juntos. En cambio, con simples conocidos, no tengo muchos miramientos.
5) ¿Hay algo inolvidable que un amigo haya hecho por tí?
Supongo que no, porque me acordaría. Si no, no sería "inolvidable". A lo mejor es porque yo tampoco espero que, si hago algo por un amigo, lo esté recordando siempre. Como se suele decir, "para eso están los amigos", ¿no?
21 julio 2003
Los dioses están entre nosotros
Este fin de semana he estado en Cataluña. El motivo principal del viaje era ir a ver a mis adorados Yes junto con unos amigos de Zaragoza. También tocan aquí en Madrid, pero en martes, así que ellos no podían venir. Conque para Barcelona que fuimos.
Además de mis amigos Tranqui y Caput, venía Raquel y también Hongos Young, un amigo de Madrid que se apuntó al asunto.
El concierto tenía un buen augurio: el pobre Tranqui tuvo un problema de última hora y no pudo venir. Digo que es un buen augurio porque le pasó lo mismo hace un par de años cuando Deep Purple vinieron a Madrid, y luego el concierto fue la leche.
Esta era la sexta vez que iba a ver a Yes (la séptima será este martes, no creáis que van a estar en la misma ciudad que yo y no voy a verlos). Siguiendo con la chorrada de los augurios, aquí va el malo: hasta ahora, los conciertos impares han sido buenos y los pares, malos. Este tocaba malo y pensaba sacarme la espina con el de Madrid.
La cosa era en la Razzmatazz, una nave industrial en medio de un polígono industrial, reconvertida a discoteca. Un garito de mala muerte, vamos. Aunque, mira qué cosas, resultó que la prima de Hongos es una de las dueñas del sitio (o algo así) y, no sólo nos dijo que podía habernos sacado entradas gratis (tarde), sino que nos pasó un fajo de consumiciones gratis. 22 para cuatro, no esperábamos hacer corto.
Pero lo hicimos. Hacía tiempo que no pasaba tanto calor. Joooooder. Sudando como pollos.
Y esa ha sido la parte mala. La buena, todo lo demás. Creo que nunca había visto al grupo en tan buena forma. Además de haber elegido muy bien el repertorio, se les veía mucho más sueltos que en los últimos tiempos. Hasta Steve Howe (el hombre que por sí solo justifica el invento de la guitarra) estaba todo el rato sonriendo y moviéndose por el escenario, cuando en los últimos años no salía de su rincón y estaba siempre serio.
Este martes tengo un asiento en primera fila enfrente de él. Espero no ahogarme en mi propia baba.
18 julio 2003
Bien está lo que bien acaba
Parece que el asunto del que hablaba en mi anterior entrada está bastante solucionado, al menos en aquello que tiene relación conmigo. Principalmente, un malentendido a varias bandas.
Sin embargo, no es así en lo demás. No quiero dar más detalles porque involucran a otras personas, pero espero que todo mejore pronto.
15 julio 2003
Te has lucido, chaval
Hoy he conseguido que una persona a la que aprecio mucho se haya cabreado conmigo. Acabamos de hablar por teléfono y espero que la cosa se arregle, pero todo el asunto no me hace nada feliz.
Muchos de vosotros sabéis de qué va todo, así que, si queréis ponerme a parir, ahí tenéis el enlace de comentarios.
14 julio 2003
Las Cinco del Viernes
Hace algunos meses decidí que cada semana contestaría aquí a "Las cinco del viernes". Pero, siempre tan constante yo en mis decisiones, aquello me duró tres o cuatro semanas.
Hoy se me ha ocurrido retomarlas. Aquí van las de esta semana:
1) Cuando sueñas, ¿puedes acordarte perfectamente de lo que has soñado?
Supongo que como todos: a veces sí, a veces no. Y también suele ocurrirme que se me va olvidando lo que he soñado rápidamente; cosa bastante habitual, igualmente.
2) ¿Alguna pesadilla recurrente?
Las normales. Que resulta que tengo suspendida alguna asignatura de hace la taba de años y tengo que volver a examinarme, por ejemplo.
3) ¿Sueñas en blanco y negro o en color?
Ni idea, la verdad. Creo que los sueños son más sensaciones que imágenes, así que eso del blanco y negro o el color creo que no tiene mucho sentido. En un sueño, puedes ver algo y saber que es verde porque en tu sueño es verde, no porque lo veas verde.
4) ¿Tu sueño más divertido/agradable?
También es bastante recurrente estar con alguna persona a la que quiero en alguna situación agradable. Por lo general, insisto en lo de las sensaciones: la situación es agradable porque sí. No, guarros, no me refiero a eso :-P
5) Si te despiertas a mitad de un sueño agradable, ¿eres capaz de vovler a dormirte y obligarte a seguir soñando con la misma historia?
Cada vez menos. Será que me hago viejo. Antes lo conseguía con facilidad, pero ahora, aunque me duermo y sigo con lo mismo, ya no puedo quitarme de la cabeza que es un sueño y no funciona.
12 julio 2003
La jornada continua
Como todos los años en julio y agosto, tengo jornada continua. Eso significa que sólo trabajo de ocho a dos. Luego, a casita.
Eso debería implicar que, al trabajar menos horas, descanso más. Y una leche. Por las mañanas tienen que venir los municipales con la grúa para sacarme de la cama.
Nunca me gusta levantarme temprano. No entiendo cómo hay tantos padres que se quejan de que sus niños están levantados a las siete de la mañana y no hay manera de hacerlos parar; yo, de pequeño, dormía hasta mediodía si me dejaban. Y ahora soy igual. Pero en invierno me autoconvenzo con más facilidad para salir de la cama. Ahora es terrible.
Supongo que ayuda el hecho de que salgo bastante por las noches, claro. Aún así, hay días que me quedo en casa y no hay forma de dormir. Luego voy todo el día arrastrándome y sin pensar más que en volver a la piltra. Hasta que se hacen las diez de la noche y, de repente, se me quita todo el sueño.
Tendré que empezar a ver la tele por las noches. A ver si, con las cutreces que dan, me duermo.