25 noviembre 2007

Padres

Acabo de volver de pasar el fin de semana en Zaragoza. En el tren venía leyendo un libro de Manu Leguineche, "El club de los faltos de cariño". El libro es casi como un blog impreso. Una serie de entradas breves, de unas pocas líneas a dos páginas de extensión, sobre temas variados. Lo cierto es que lo he comprado por la portada. Hay un dibujito que me pareció encantador la primera vez que lo vi, hace unos meses. Y hoy otra vez, conque lo he comprado.

En el libro leo la siguiente frase: cuando se es padre hay que aceptar los defectos de los hijos. Cuántos padres no son así. Cuántas veces vemos a padres que proyectan sus frustraciones sobre sus hijos, esperando que ellos sean lo que ellos no han podido ser, y no aceptando que no ocurra así. Hoy día también es muy habitual el padre que defiende cualquier barbaridad que haya hecho su hijo, con uñas y dientes. Los maestros lo saben bien, tienen que lidiar con ello constantemente. Y ojo: no es lo mismo defender al hijo que defender la barbaridad que ha hecho. Gran diferencia que muchos no saben apreciar.

Hoy he estado comiendo en casa de mis primos. Comida familiar con un montón de gente, incluyendo a mis padres, los suyos, mi hermano, el suyo, sus hijos y demás parentela. Todos hemos comido salvo una de mis sobrinas. Ha decidido ponerse en huelga de hambre porque sus padres no le dejan ir a un concierto. Eso sí, ha pedido que guardaran algunos de los flanes que ha hecho mi madre para cuando deje la huelga; tonta no es la chica, no. Aunque no creo que a sus 13 años se dé cuenta de la suerte que tiene de que sus padres sepan aceptar sus defectos.

5 comentarios:

Capitan Napalm dijo...

Mira, yo he reflexionado mucho sobre todo esto, y creo que no le haré ningún bien a mi futura hija si soy totalmente parcial. Eso no quiere decir que no la quiera, pero es que colaborar en el autoengaño no ayuda a nadie.

El asunto está en que la mayoría de la gente tiene frustraciones, y los niños son tan maleables... la tentación es irresistible...

El problema es que el crío tiene también un 50% de programación genética no maleable. Y esa saldrá antes o después. Con lo que la idea es dejarla que salga cuanto antes, aceptarla como es, estimular los puntos fuertes y corregir con rutinas los puntos débiles.

Pero claro, esto es la teoría. Ya os contaré en breve.

Por cierto, tu sobrina la ponía yo a escardar cebollinos. Sin manos.

Gorpik dijo...

En defensa de mi sobrina diré que ni montó el pollo, ni nada. Simplemente, se negó a comer sin hacer muchos aspavientos, sentada a la mesa con los demás. Es que es tan cabezona como su tío.

Fantine dijo...

Como hija de profesores de ESO "he oído cosas que nunca creeríais". Después de más de 30 años como docentes ahora cuentan cuanto les queda para jubilarse. Y básicamente la culpa es de esos padres que quieren dar a sus hijos lo que a ellos les hubiese gustado tener a su edad por un lado, y por otro la mentalidad predominante en este pais de conseguir lo que se quiera sin esfuerzo.

Es muy fácil criticar, lo se, y habría que verme a mi como madre (cosa que no sucederá en los próximos 30 años :P).

En cuanto a la criatura del Capi ... tu encárgate de la mano dura, que los titos pelafustanes nos encargaremos de malcriarla :)

Athair dijo...

Con mucha suerte, se dará cuenta cuando tenga 20. Con suerte, cuando tenga 25. Con algo menos, cuando tenga 30.

Juan Luis dijo...

Yo nunca haría una huelga de hambre. Mi protesta sería comer a mala leche. Los flanes de todos. Eso debe de joder más :P